Lo más entretenido

Están jugando haciendo el cabra, como de costumbre, cuando El Cachorro se desmarca. Tiene ganas de ir al baño. Y se sucede esta conversación con su hermano pequeño:

– Si quieres, ven.
– Vale.
– Si vienes me puedo intentar tirar un pedo.
– Vale.
– Porque si no vienes, no lo oirás. ¿Vienes?
– ¡Vale!

Una vez dentro:

– Cierra los ojos – a El Cachorro no le gusta que le vean haciendo aguas mayores.

“PRRRRRRT”.

Pedo al canto.

– Me voy a intentar tirar otro.

El pequeño, por su parte, quiere colaborar en la performance, y se empieza a tirar eructos.

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Y así.

Y luego yo les hablo en diminutivo, les quiero poner una película Disney y enseñarles protocolo.

Dibujos de nunca acabar… para la posteridad

Mirad qué caballito de mar se ha cascado El Cachorro.

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Y aquí ha dibujado a un malo.

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También un monstruo y una casa encantada.

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Y este dibujo lo han hecho entre él y su hermano.

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Y tengo fotos de todo, no porque yo las haga, que podría ser perfectamente, sino porque ellos mismos me las piden. Eso he conseguido, pasar de ser la pesada de las fotos a que me las reclamen a cada cosa que hacen. Así que ajo y agua, que merecido me lo tengo.

Por su parte, Don Bimbas siente envidia de la casa de El Cachorro, con lo que le pide:

– ¿Me haces una casa?
– Hazla tú – le sugiero.
– ¡Es que yo no sé! – me replica.
– ¡Pues inténtalo, si no no aprenderás!

Pero lo de esforzarse, no va con este crío. Sobre todo, porque está acostumbrado a tener una vida regalada. Desde bebé todo el mundo dándole cosas por su cara bonita… Así que vuelve a la carga.

– Simón, ¿me haces una casa?
– ¡Vale!

Vuelve con la casa. Foto al canto.

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Luego El Cachorro. Porque a la casa de su dibujo le faltaba la boca. Clic.

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Más tarde, después de comer. Don Bimbas quiere completar su dibujo.

– ¿Me haces un corazón, que yo no sé?

El Cachorro hace un corazón.

– ¡Ahora yo!
– Que no te salga un culo. Si te sale un culo, mal vamos.

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No sé si os parece un culo o no…

Yo, mientras, sigo con la cámara en guardia.

Rompecorazones

Me cuenta El Cachorro que su novia Jimena (nombre ficticio), la que le montó un pollo porque no le hizo caso, va por el cole diciendo que está “colada” por él. Colada, tú. Me chifla esa palabra, que no oía desde hacía lustros.

Está bastante convencido, por lo que deduzco cuando me lo cuenta, de que van a tener un hijo alrededor de los 20 años y de que van a acabar sus días juntos.

Me lo dice tan a menudo que yo ya me lo estoy empezando a creer, con lo que, la última vez, le dije que lo mismo era muy pronto para tener ese tipo de planes, para andar con novios y novias y tal, que hay que conocer gente antes. Pero él me dijo que no quería estar con otra persona que con Jimena. Qué fidelidad.

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Pero parece que mi hijo está en racha. Hace dos días fuimos a un cumple y conocí a la madre de un niño de su clase, Matías (nombre ficticio), que me cayó muy bien. Me cuenta que su hijo le habla mucho del mío. Yo no puedo decir lo mismo. No solo porque mi hijo solamente me habla de su vecino, que es también su mejor amigo del cole, sino porque no es un niño que cuente muchas cosas. “Van a una extraescolar juntos”, me comenta. Y me quiere sonar…

Hoy, me dice El Cachorro:

– Matías dice que se quiere casar conmigo.
– ¿Ah, sí?
– Sí, porque dice que soy muy mono.

Hay que reconocer que mal gusto no tiene, el tal Matías.

Pero está claro que mi chiquillo está muy solicitado. ¡Demasiado!

No puede ser más rico

Leo tres capítulos de un libro a mis pequeños a punto de dormir y luego arropo a cada uno. Besitos y cosquillas a El Cachorro. Mimitos y carantoñas a Don Bimbas. Y Don Bimbas, que es un tierno que para qué, achuchable como pocos seres vivos en la faz de la tierra, me dice con voz adormilada y ñoñita: “Qué mona eres, mamá”.

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“QUÉ-MONA-ERES, MAMÁ”.

¿Qué, como os quedáis?

Yo, estupefacta. Auguro que la sonrisa me va a durar una semana.

Indirectas

“¿Alguien me deja agua?” – pregunta Don Bimbas.

Me encanta esa indirecta, muy en plan “aquí huele a muerto, pues yo no he sido”. “Alguien”, dice. Cuando estamos los dos solos en la cocina y está claro que solo puedo ser yo quien se la dé.

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Porque suele acontecer así la cosa. Pregunta si “alguien” le echa una mano, no entre un grupo de gente, no en el patio con mayores y amiguitos, no, cuando estamos El Cachorro y yo, por ejemplo. Suelta ese “alguien” impersonal e indirecto. Como si no se atreviera a dirigirse directamente a nosotros, por si no recibimos bien la petición y pasamos de satisfacerle o, más bien, como para que nosotros decidamos por él quién tiene el honor de servirle. Como lo cuco que es.

Sin un pelo de tonto

El Cachorro, completamente indignado, porque descubre que, su vecina, cuando dibujó el verano, a ella se puso pelo y a él…

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– ¡Me ha dibujado calvo!
– Bueno, cariño, te ha puesto una gorra bien bonita.
– ¡Me ha dibujado calvo! ¡Cuando llevo gorra se me ve el pelo!

Oye, ¡que le ha sentado de pena! Lo del arte figurativo no va con él.

Hasta el píloro, me tienen

Mira, por si no tengo bastante con los dictados semanales en inglés que hay que preparar, así como los controles, y por si no me vuelvo majara perdida con lo de “se me ocurre que podéis investigar sobre países”, que implica hacer un trabajo cada dos semanas para que el crío exponga, hoy leo esto…

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Lo-que-me-faltaba.

¿¿Pero está gente del colegio se piensa que el fin de semana no hacemos planes?? ¿¿Que estamos esperando en la puerta a que lleguen nuestros hijos del cole para asaltar ansiosamente sus mochilas, así salivando, como bestias rabiosas que llevan una semana sin hincarle el diente a un trozo carne, como psicópatas, ávidos por saber qué ha pensado la profesora para que hagamos, como enfermos desaforados que quieren que alguien les dé quehaceres porque si no se frustran y marchitan, como ABSURDOS DE LA VIDA??

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“Tened los fogones preparados, dice”, ¿¿será posible?? ¿¿Y qué estoy, sin hacer un maldito plan ningún fin de semana, por si acaso mi hijo aparece el viernes con la ardilla de las narices??

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¡JODER QUÉ ESTRÉS ME PRODUCE EL COLEGIO DE MIS HIJOS, COÑO! ¡DEJADME EN PAZ YA! ¡TENGO DEMASIADO TRABAJO! ¡NO QUIERO TENER NADA QUE HACER EL FIN DE SEMANA! ¡¡NADA DE NADA!! ¡¡¡NA-DA!!! ¡BASTA!

Mi héroe

“¿Qué queréis para el cumple?”, pregunto a mis hijos, como llevo haciendo de unos días para acá, ahora que acechan sus cumples y la Navidad…

“Un cinturón con bolitas”, dice El Cachorro. ¿Cómo? Esto es nuevo. Siempre dice que no sabe. “Bien”, me digo, “al fin tenemos algo tangible”.

– Pero cómo, el cinturón – necesito pistas.
– Pues un cinturón así, con bolitas por todo.
– Pero… ¿de superhéroes? ¿Las bolitas son proyectiles?
– Nooo.
– ¿Pues cómo, con bolitas?
– Ven, que te lo enseño.

Eso me escama. ¿Tenemos algo parecido en casa? Y caigo. ¡Está pidiendo un cinturón para mí! A mitad de semana le dije al Señor de las Bestias que yo quería un cinturón que sustituyese a uno que tengo, este:

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… que me encanta y lo tengo desde que era adolescente. Así está, que se cae a trozos. Y le cuento que me cuesta mogollón encontrar uno así, que no tienen esta anchura, que son feos, que…

Y todo esto se lo cuento en presencia de El Cachorro.

Así que el cinturón que pide con bolitas es el mío de agujeritos. “Para dártelo”.

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¿CÓMO ES MI NIÑO, POR FAVOR? ¿CÓMO ES?

Yo pensando en si será uno de superhéroes, las bolitas proyectiles… ANDA YA.

Debí haberlo sospechado desde el principio. Cuando me solicita algo y yo le contesto: “Tengo mucho trabajo”, me dice él: “Yo lo voy a impedir. Voy a ir a tu trabajo, me voy a disfrazar de tu jefe y voy a decir que no tenéis trabajo por mil días”.

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Ojalá…

Siempre intenta ayudarme. Siempre está al quite. Siempre quiere serme útil. Si mi vida dependiera de El Cachorro, ¡iba a ser ideal!

Cómo me describe mi hijo

Estamos dando un paseo y paramos a que mis hijos hagan el cabra. Y El Cachorro empieza a fingir que se ha perdido de mí, que estoy a su lado.

– ¿Mamá? ¿Mamá? ¿Dónde está mi mamá?
– Ay, cariño – le digo – ¿cómo es tu mamá?

Últimamente me toma el pelo (o eso quiero pensar) diciéndome que soy fea, y yo le digo que es imposible, porque él es guapo y se parece a mí. Así que por eso le pregunto que cómo es.

– Tiene el pelo rizado, un poco moreno… los dientes decinitivos (no sabe pronunciar bien “definitivos”)… las orejas pegadas… tiene unas gafas como las tuyas, tiene camisetas de un corazón y tiene un iPhone X y un anillo de flores – describe –. Así que, si tú tienes todo esto, ¡eres mi madre!

Me troncho con mi descripción, lo de que tengo los dientes definitivos, sobre todo.

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Ahora, el muy cuco no ha dicho nada de guapa o fea…