El peligro

Viene El Cachorro a donde estoy yo, trabajando con el ordenador, y me enseña su dibujo: “¿Ves el peligro?”

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“¿Qué peligro?”, le contesto. A qué se referirá.

Y resulta que lo que parecían unas gotas o algo sin sentido, lo pones en horizontal y son unos ojos y una boca con colmillos.

El peligro.

Yo más bien intuyo el peligro cuando le oigo decir: “Mira qué obra de arte”.

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Y el arte está en sus manos…

Vamos, que la composición artística que más aprecio, es esta:

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Angelitos.

Reposo de pacotilla

La consigna con Don Bimbas desde que salió ayer a las 20:30 del hospital es que lo tuviéramos bajo vigilancia 24 horas. Que no se moviera mucho. Que por supuesto no corriera ni saltase.

Bajo al patio, le digo al crío que tenga especial cuidado, me pongo a hablar con unas vecinas y se me acerca un padre. “¿Has visto a tu hijo?”

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Hala, venga.

“Baja de ahí, ¿qué parte de que hoy tienes que estar en reposo, como dijo la médico, no has entendido?” Por otra parte, pienso que el hecho de que esté tan cabra como siempre es buena señal.

Pero, claro, tenía que cumplirse la Ley de Murphy. Más tarde ha dado un salto desde una superficie móvil, que se ha movido, y claro…

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Se ha puesto a sangrar como un gorrino. Al día siguiente del episodio de la conmoción cerebral. ES UN CASO.

(Menos mal que está este diario de testigo, porque si no viene Servicios Sociales, ve la colección de golpes de este crío, y me lo quitan).

“Hemos llamado a la ambulancia”

Llamada de un 91 que no tengo memorizado.

– Hola, soy Raquel, la profe de Pablo. Mira, resulta que se ha caído, se ha hecho un chichón, le hemos puesto hielo y se ha puesto a vomitar. Por si lo recogéis.
– ¡Ah! Claro. Solo que me pillas en Almuñécar. Llamo a su padre.

Cuando llamo al Señor de las Bestias, en realidad lo que menos me preocupa es Don Bimbas. Me preocupa más él porque acabo de empezar un trabajo que me va a tener semanas (seguidas) enteras fuera de casa y se va a chupar él a los críos. Si además tiene que dejar el curro a mediodía porque uno de ellos se ha caído… ¡empezamos bien! Tengo incluso cargo de conciencia.

– Oye, que el pequeño se ha caído y ha vomitado. Te viene fatal ir al cole, ¿verdad? Aaaay, lo siento. Igual no es para tanto. O igual puedes trabajar desde casa…

Cuelgo. Al ratico me vuelven a llamar del cole:

– ¿Venís alguien?
– He avisado al padre, solo que trabaja a 40 kilómetros y, lógicamente, tarda.

Mierda. A mí este trabajo no me convencía nada de nada. Lo acepté porque la productora que me lo ofrece se ha portado siempre muy bien conmigo (y yo con ellos) y me tiene en cuenta. Porque me operé del pie estando currando para ellos y no me pidieron ni que solicitara la baja, aun estando una semana sin pegar palo al agua. A cambio, en vez de estar un mes y pico de baja, a la semana trabajaba desde casa. Así que acepté este trabajo porque de verdad estaban muy interesados en que estuviera en la grabación, y porque se lo debía. Ojo, que a mí siempre me conviene empalmar curros y este me permitía pasar menos tiempo en el paro, que lo temo más que a un nublado. Pero yo es que trabajos que me tienen semanas seguidas fuera de casa NO LOS COJO. No quiero estar tanto tiempo separada de mis hijos. No quiero que su padre, que lleva el peso de una empresa grande, se chupe en solitario a los niños, la casa y todo. No tenemos ayuda familiar y no nos podemos permitir faltar de continuo ninguno de los dos. Que de repente me largue siete o nueve días a hacer un repor, bien. Pero si luego me quedo mes y medio en tierra. Pero semana sí y semana también fuera… eso sí que no.

Pero aquí me dijeron que, sí, iba a viajar por España, pero que había muchas grabaciones (la gran mayoría) en Madrid. Y que iba a trabajar sentada en un taburete, dando instrucciones por un walkie. Porque otra de las razones por las que me resistía a cogerlo era porque mi médico no quería darme de alta aún, dado que no tenía bien mi pie operado. Es decir, mis circunstancias no eran favorables y tenía razones con peso para rechazar el trabajo, con gran dolor de mi corazón. Pero, finalmente, tras su insistencia, les dije que bueno, que vale, que sí, que lo cogía.

Hoy estoy en una azotea (no veo otra manera de hacer mi trabajo que dirigiendo donde se debe, no con un walkie talkie donde no veo una grabación), una semana después de haber visto el planning de grabación real que muestra que, de 9 semanas de rodaje, solo hay una en Madrid. Estoy que trino, claro.

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Mierda también porque me he pegado en casa mes y medio. Por lo del pie. Y en la primera semana, ¡la primera!, que estoy fuera, coge y ocurre esto.

Pero no sabía que la cosa era susceptible de empeorar.

– ¿No tenéis a nadie para que venga mientras llega el padre?
– No, no tenemos a nadie. ¿Qué pasa?
– Que hemos llamado al SAMUR porque además de vomitar se está quedando dormido, por si acaso. Y para que alguien le acompañe hasta el hospital.
– ¿¡Cómo!?
– Bueno, no te preocupes, si no irá su profesora con él.

Ahí, bajo el sol abrasador de Almuñécar, yo estaba BLANCA.

Llamo corriendo al Señor de las Bestias. Todavía anda por Torrejón de Ardoz. Llamo corriendo a mi vecina y amiga Sandra. No le doy todos los datos, solo le pregunto si puede ir al cole de mi hijo…

– Sí, cuando recoja a mi hija de la guarde, que sale en 10 minutos, y voy.
– ¿Y Sara está por ahí? – Sara es otra vecina y amiga con la que andaba tomando el aperitivo.
– Sara también va a recoger a sus hijos al cole. ¿Por? ¿Qué pasa?

Y le cuento. Entonces me dice que no me preocupe, que llama a la guarde para que se queden más con su niña y que va al cole. Yo llamo al Señor de las Bestias. El Señor de las Bestias llama a Sandra. El Señor de las Bestias me llama a mí. Sara me llama a mí. El cole llama al Señor de las Bestias. Yo llamo al cole… y así.

Total, que al final Don Bimbas va hacia el hospital con su profe en ambulancia y el Señor de las Bestias va directo hacia allá.

Ya me llama, que está con él. Que da penica porque está pachucho. Que ha vomitado la medicación que le han dado.

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Y yo en Almuñécar, grabando.

Que verán a las cuatro si ha vomitado o no para mandarlo a casa.

Yo ando nerviosa, agobiada, y lloro. Pero resisto en grabación. Porque no tengo sustituto, porque les hago una putada si me largo. Pero informo a Madrid de la situación.

Madrid me pregunta que si quiero volverme. Hombre, querer claro que quiero, ipsofactamente, pero vamos a esperar a ver qué pasa, que seguramente no sea nada…

Pero el crío vuelve a vomitar.

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Que a ver a las cinco.

Me dicen que me ponen un tren para que vuelva. Yo tengo cargo de conciencia porque es una producción que ha empezado como el culo, llena de dificultades, y esto es un contratiempo de los gordos.

En el hospital optan por mantener al crío en observación, que a ver qué pasa a las seis.

Vomita.

En Madrid me dicen que venga, que vaya. Yo digo que aún no. Pero me informan de que el último tren desde Málaga o Granada es a las ocho y poco.

A las seis ya dicen en el hospital que lo siguen dejando ingresado hasta las ocho.

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Hablo con mi pequeñito. Le pregunto si quiere que vaya mamá a estar con él. Me dice con un hilillo de voz que sí.

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Y ahí, in extremis con el tiempo pegado, digo a Madrid que sí, que me vuelvo. La grabación de hoy estaba más que salvada y los protas más que aleccionados.

En la productora se portan. Me ponen un avión. Voy al aeropuerto en un taxi, desde donde hago las entrevistas para el programa en altavoz. El taxista lo va flipando bastante.

Cuando estoy en Málaga a las ocho con todo facturado, me dice el Señor de las Bestias que les acaban de decir que ya pueden ir a casa.

Ahí lo lamento por la productora. Qué casualidad. Recibo esta noticia esperando a embarcar. Pero también es verdad que mi pequeñito ha estado en una situación delicadilla todo el día y su mamá no ha estado a su lado. Que he aguantado hasta el final de la jornada sin haberme escapado para consolarlo y hacerle cariñitos y compañía. No está de más que vea que al final voy.

Aparezco en casa y está dormido. Ya verá que he vuelto al día siguiente…

Más cara

Me pide todo el rato Don Bimbas que le ponga al muñeco “más cara”. Se refiere a una de las tres máscaras que tiene. “¿Le pones más cara?”, me dice. “Máscara, cariño”.

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Pero pienso en que no es tan descabellado como lo dice. Al final, una máscara es algo que le pone más cara a una cara.

Aquí la gente, ocupada con la cretinada de decir “todes”, sin reparar en que primero hay que modificar ciertas grafías y pronunciaciones. Propongo a Don Bimbas como próximo director general de la RAE.

El amo

– Quiero acua – dice Don Bimbas, tiradazo en el sofá
– Pues levántate y bebe – le contesta su padre.
– ¿Me ras tú? – (Pronunciada le erre como erre simple) (¿Me das tú?)

Pero no obtiene respuesta. Así que va a por mí.

– Mamá, ¿me ras agua?

Yo tampoco le contesto. Que se mueva, hombre por favor, el tío. Y al poco dice en alto:

Quero acua…

Aquí el maharajá. A ver quién satisface finalmente sus deseos. Pero su padre y yo nos mantenemos firmes.

Se levanta.

Va donde están los vasos… y se pone a jugar.

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– ¡Si estás ahí! – observo – ¡Bebe!

Y el otro, ni mirarme:

– No.

Cuadrados. LOS TIENE CUADRADOS.

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Y se ha dormido, señoras y señores… SIN BEBER.

Mala bestia

Qué tío. Pero qué tío.

Se ha ido el Señor de las Bestias con los críos por ahí, y al volver me enseña un vídeo en cámara lenta. Es de Don Bimbas subido a la estructura de un parque infantil.

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En la parte alta. Está de pie y mira al suelo. “No se irá a tirar, ¿no?”, le pregunto al padre. La altura es considerable.

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Pero él guarda silencio y deja que el vídeo hable por sí solo.

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POR SUPUESTO QUE SE TIRA.

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– La madre que lo trajo, qué mala bestia – digo asombrada. Y le pregunto al Señor de las Bestias – ¿Y tú no lo has intentado evitar?
– No. Me ha dicho que iba a saltar y le he dicho: “Espera, que te grabo”.

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Anda el otro.

Y ha saltado, ahí donde lo veis, dos veces y media su altura. Luego que si le duelen las piernas…

Cultura cinematográfica

Pues después de haber satisfecho lo primordial, que es que vieran la saga de “La guerra de las galaxias” a edades muy tempranas, me pareció buena idea que vieran también los grandes clásicos. En los últimos meses han visto “E.T” y “Los Goonies”.

Hoy, elegíamos peli y ya se iban a “Spiderman” o “El capitán calzoncillos”, cuando he visto “El chip prodigioso”. Tate, esta es la mía. ¡Cómo ha protestado El Cachorro cuando la he elegido! Y luego mira…

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Los clásicos no fallan.

Orientación

Es ESPECTACULAR la orientación y memoria que tiene El Cachorro. Hoy tocaba cumple de un compañero de su clase en un parque de bolas. Pues bien, llama a su padre y le dice: “Es en el sitio ese donde hay unas casitas bajitas enfrente y una gasolinera al lado, donde un día nos llamó mamá para decirnos que Pérez se había muerto”.

Y, sí, era ese sitio.

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Me deja siempre patidifusa. Vamos una vez a un sitio, y si volvemos, El Cachorro se acuerda. “Aquí es cuando fuimos a no sé dónde”. “Por aquí se va a tal sitio”. Y así.

Sí, sí, se va orientando… Veréis. Volvemos del cumple con el hijo de unos vecinos. Lo llevamos a su casa, donde está su hermana con una amiguita. El Cachorro, ese ser que no está contento con nada (os recuerdo que venimos de un cumpleaños) se quiere apuntar, claro. Quiere quedarse con ellos en su casa. Y se sucede esta conversación en el ascensor:

– Quiero ir a casa de Rodrigooo.
– Y yo un piano – dice el Señor de las Bestias.
– Y yo ir a la luna – añado.
– ¿Pues por qué no te hiciste astronauta? – me pregunta mi hijo (con lo despistado que es, es fácil que se distraiga).
– Porque había que estudiar demasiado.
– ¿Qué hay que estudiar? – se interesa.
– Astronáutica – dice su padre.

Y le comenta El Cachorro a su amigo Rodrigo.

– Me está mintiendo como todos los días.

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Calao. Tiene al Señor de las Bestias CALAO.

Madres modernas (que boicotean fiestas infantiles)

Mira, ¡mira!, esto ya es el acabose.

Mañana la clase de Don Bimbas celebra la Fiesta de la Primavera. Pueden ir vestidos de algún motivo relacionado con la estación: collar de flores, con temática flower power, de hippies, etc. Y para desayunar, dice la profe, algo para compartir.

¿Pues no va una madre, en el chat del cole, que dice que ha comprado unas galletas de dinosaurio, y va otra y dice lo siguiente?:

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¡Que pensaba en un “TAPER DE SANDÍA CORTADA”! ¿Sandía? ¿¿Hola?? Y que no sabe si va a tener mucho éxito al lado de las galletas.

Hombre, PUES NO.

Pienso en que puede que se trate de una broma.

Qué equivocada estoy…

Porque no acaba ahí la cosa. Salta otra: “Pues galletas y sandía me parece una combinación perfecta”. Mujer, sí. Aunque dudo que, si no va a haber alguien que amenace a los críos con que, si no comen sandía, no hay galletas, se lancen en plancha a por la sandía. Pero bueno. Mal, desde luego, no me parece. Como iniciativa es fantástica.

PERO, ahora es cuando se anima la madre de las galletas de dinosaurio…: “Si llevamos todos fruta, encantada, mi hijo solo desayuna eso, pero como la profesora en los cumples comentó que tenían que ser cosas envasadas, por eso”. Raudamente, acude al rescate otra madre con la solución: “Pero fruta sí se puede. Se refiere a nada cocinado o elaborado por nosotros”. Y la madre que ha renegado de sus galletas de dinosaurio determina: “Pues entonces llevo fruta, fresas por ejemplo”.

Eeeeeeh. A ver, que esto está adquiriendo tintes serios… Así que aporto mi granito de arena de #malamadre total para que esto no se desboque (soy la del bocadillo verde de la captura de pantalla).

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Pero hacen como que no me leen. Y siguen con lo de la fruta. La que había comprado galletas de dinosaurio ya se ha convertido del todo, despreciando y repudiando totalmente sus galletas de dinosaurio, y propone: “Si os parece bien a todos podíamos llevar mañana solo fruta”. TÓCATE LOS PIES.

Y el resto…

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¿¿De verdad a estas madrespluscoamperfectas les parece bien llevarles a los críos para su fiesta… FRUTA?? ¡Para su F-I-E-S-T-A!

De verdad.

Se me vienen todas arriba:

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Lo tengo claro: las madres modernas NO QUIEREN a sus hijos. Valoro intervenir para decir que yo aportaré un táper de acelgas y algo de pescado azul, que es muy sano, a ver si pillan el sarcasmo. Pero desecho la idea porque seguro que me aplauden.

Hay una madre que se atreve a decir que una fiesta con fruta, galletas y gusanitos es una buena fiesta. La madre apaciguadora que aúna criterios.

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Pero la arrepentida, que debe estar flagelándose con el látigo de siete colas en la espalda por habérsele ocurrido comprar galletas de dinosaurio, determina: “Si hay galletas, la fruta no la van a probar”.

Claro. CLA-RO.

Total, que continúa la cosa con fruta de todo tipo y condición. Y zumos para beber, por supuesto, qué batidos ni qué batidos.

Una del Team Zumos dice que ha comprado unos de manzana (DE MANZANA): “Eco y sin azúcar, para seguir por el buen camino”.

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¿¿SE-PUEDE-SER-MÁS-TRISTE??

Madre mía, pobres críos, ¡pobres críos! Vaya manera de echar por tierra una fiesta.

Y por fin una, ¡una! (además de yo), se atreve: “Pues yo pensaba llevar Boca Bits o mi hija me mata”.

Recibe un emoticono de pulgar para abajo (menos mal que no estamos en tiempo de los romanos, porque la lanzan a los leones), y yo ahí es donde veo la grieta donde poder contraatacar:

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Y entonces aparece, CHAN CHARACHÁN…:

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… ¡La bruja piruja cum laude!

¿¿Pero será posible?? Ojo a la mentalidad dictatorial: “Si no les damos esta opción”. Que, traducido, significa: “VAN A COMER FRUTA SE PONGAN COMO SE PONGAN”. Dice que “seguro que cada uno encuentra algo que le guste”. O NO. O igual hay alguno al que no le gusta la fruta, ¿se lo ha planteado alguien?

Me veo obligada a insistir:

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NO-ME-HACEN-CASO. Siguen a lo suyo, pensando en quién se encarga de comprar pajitas para beber esos zumos insípidos y deprimentes.

Veinte minutos de cháchara vegana después, aparece una madre (en respuesta a uno de mis mensajes) comunicando que su hijo seguramente no quiera nada porque la fruta no la quiere ni ver. TATE. Pero dice: “Pero me sumo a la mayoría y llevaré pera en trocitos”.

Joooooooooooopé. Lo que hace la turba. O sea, tu hijo no come fruta ¿¿y vas a llevar pera para su fiesta?? ANDAMAJABÁJATELAFAJA.

A todo esto, nadie, NA-DIE, le pregunta a esta madre qué alternativa se puede llevar para su pequeño.

Así que vuelvo a la carga:

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Otra madre, tímidamente, apunta: “Me parece bien también que alguien lleve gusanitos”. Y la madre del niño que no come fruta me dice entre risas: “Mi hijo te va a adorar, Amaya”. TOMA, NO. Claro que me va a adorar. Tu hijo, el mío y todos los niños de la clase. Pero vamos, NORMAL.

Que, oye, estoy TOTALMENTE A FAVOR de que se celebre un día el Día de la Fruta. Entonces, convenientemente aleccionados los críos, ya sabrán que ese día se hará una especie de Oda a la Fruta (aunque en el calendario de almuerzos ya se establece la fruta para los miércoles) y seguro que lo disfrutarán horrores.

Pero, en lo que a hoy se refiere… estoy hasta el píloro de tanto rollo zen, así os lo digo, de tanta vida sana, de tanto saludo al sol, de tanto sin azúcar, sin gluten, sin hidratos, verde, eco y hojas de parra en vinagre. Estoy indignacérrima. ¡Menudo despropósito! ¿Desde cuándo los niños asocian la alimentación de una fiesta, ¡una fiesta!, a la sandía? Es que me los estoy viendo en el recreo hablando con los de otras clases: “¿Que habéis comido Doritos y dónuts? Uff, qué insano y aburrido. Nosotros unas deliciosas uvas”. Venga, hombre, ¡dejad a los niños que se salten su aburridísima dieta de soja y quinoa por un día para comer unos ganchitos y unas gominolas, para que se relaman y disfruten de la vida un poco! Que seguro que vosotras os habéis atiborrado a garrotes de chocolate.

Cómo se puede tener tan mala idea, madre del amor hermoso. Qué madres más malvadas.

P.D. A ver, padres de la clase de mi hijo que me leéis, que sé que hay varios que lo hacéis… ¡¡no os sublevéis por este post!! No escribo esto para ofender a nadie. Los nombres los tapé en su día en las capturas hace un año (este blog, como estáis comprobando, va con un año de retraso exacto), así que ni sé quién dijo qué ni nada, ni me importa, y os guardo el mismo aprecio a todos. En este diario se intenta contar las cosas de esta manera. Al revés que en la vida real, que hay cosas que se piensan pero no se dicen, yo cuento sin filtro las cosas que pienso en el momento que suceden, o que pensamos muchos o algunos, pero que no se dicen. Ahí reside su originalidad. En la exageración está el humor.

Y, en realidad, me da envidia que alimentéis tan bien a vuestros pequeños, mientras yo… en fin, tengo días…

Os mando besos. Y unas cerezas, si queréis. 😀