Lentejas para comer, lentejas para cenar

No, aunque lo parezca, el post no va de “pues si no te las comes en la comida, te las pongo para cenar”.

En mi casa, no sé cómo narices lo hacemos, pero si planeamos las cenas, coinciden siempre con lo que han comido en el cole. Bueno, mejor dicho, de planear, nada. Si planeáramos, no nos pasaría esto que nos pasa. El caso es que improvisamos. Y en numerosas ocasiones, dice El Cachorro:

– Es que esto hemos comido hoy…

Tengo un ojo que, vamos…

Hoy, no iba a ser menos. No he hecho ni mirar el menú del cole. Lo cambio cada mes y lo cuelgo en la nevera para hacerme la madre responsable que tiene todo muy presente, pero no lo miro NUNCA. Así que he hecho lentejas.

Tengo turno de tarde y llegaré a las once de la noche a casa, así que aviso por Whatsapp al Señor de las Bestias de que hoy hay cena hecha.

Cuando el padre de mis criaturas llega a casa, me escribe lo siguiente.

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Creo que se piensa que hoy es 26, y de ahí la captura. Le llamo: “Pero ¿cuándo han comido lentejas, hoy o ayer?” Entonces se fija.

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Me confirma que ayer. “¡Pues estos cabritos me han dicho que habían comido hoy lentejas!”

En fin, hoy nos hemos librado por un día. Pero ya nos huele…

Megalodón con piernas

Ayer estuvo El Cachorro viendo en Youtube monstruos marinos.

Hoy, ya no dibuja tiburones, sino este extraño animal.

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Es anfibio. Puede ir bajo el agua y también sobre la tierra, lo cual lo ha expresado muy bien mi hijo. Sus ansias asesinas son iguales en ambos hábitats.

Me pregunto si será capaz de bañarse en el mar en verano, a este paso.

El peluche volador

En mi casa no se han estilado los peluches. Yo los odio bastante y los acumulé en una bolsa de la que luego los fui sacando para regalarlos.

Hace poco llegaron dos tiburones. Merde.

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PERO, Don Bimbas está encantado de la vida. Se acuesta con su tiburón y se agarra a él para dormir. Bueno, oye, mientras lo disfrute y no esté dando tumbos por la casa acumulando polvo…

Hoy se levanta con su tiburón y aparece en mi cama. Se coloca como suelo hacerlo yo cuando juego con él a levantarlo con los pies:

“Mira cómo le hago el avión a mi tiburón”.

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Igual que cuando lo subo yo a él. Pero, claro, lo que no les hago es lo que le hace él a su peluche, que es lanzarlo por los aires y estamparlo. Bueno, ejem, una vez sí.

Retraso justificado de llegada al trabajo

Estoy arreglada para irme a trabajar. Es pronto por la mañana y mi segundo día de curro. Viene Don Bimbas al salón. Se me acurruca. Muero de amor. La achuchó un rato largo y le digo que me tengo que marchar.

– No.
– Sííí. Que he tengo que iiiiir.
– No te vas a ninguna parte.

Ay, joé.

¿Y de donde habrá sacado esa expresión? Porque tal cual me lo suelta: “No te vas a ninguna parte”. Parece un galán de cine.

– ¡No me lo pongas difícil!

Le tengo que hacer unas cosquillas para quitármelo de encima.

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Don Bimbas es un mimosete, un tierno.

Voy al cuarto de los críos para darle unos besos a El Cachorro para despedirme. Está megasobado. Porque el pequeño no necesita dormir lo que los niños normales. Pero El Cachorro, para lo de dormir, sí es un niño normal.

Total, que me acerco, le doy unos besos y se despierta:

– No quiero que te vayas – me salta mientras me da un abrazo.

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¿Este también? Para echarme de menos por la mañana, es más despegado. Le encanta que le lleve su padre en coche al cole. Los coches que tiene papá son más divertidos. Incluso me suele dejar caer que quiere que lo recoja la chica en vez de yo. Ella les lleva al parque y yo no suelo. Pero, ahora, se descuelga con “no quiero que te vayas”.

Es un complot, se han puesto de acuerdo.

Luego que por qué llego tarde a trabajar…

Kon’nichiwa

Le digo que no vaya descalzo, que se ponga las zapatillas, y me aparece con esto.

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A lo japonés.

Este, en otra vida, fue un payaso. Estoy segura.

Pero la corriente asiática no termina ahí. Facebook me recuerda una foto preciosa de mí con mi bebé. Me encanta. Y voy corriendo a enseñársela a Don Bimbas.

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– Soy un chino – observa,
– ¡Qué vas a ser un chino!
– ¡Si tengo los ojos así es que soy un chino!

Madre mía, qué cosas tiene… Que mis hijos me salgan siempre con estas contestaciones surrealistas… ¿¡Cómo lo harán!?

Familia adoptiva

Mi hijo se ha independizado de nosotros con 4 años.

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Son un matrimonio.

Ya solo tiene ojos para su vecina, con la que hace un montón de planes. Sus padres le echaron el ojo como yerno y se lo llevan a hacer mil cosas chulis. Él, encantado.

Vamos, que ahora dibuja a las personas de su vida y aquí aparecemos. Los siete:

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Solo que la cosa evoluciona. El dibujo más reciente:

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Somos: Papá, mamá y Simón. El sol. Sofía, él y Sandra (la madre de Sofía). Esta vez se ha dejado al padre.

¿Os fijáis en la colocación estratégica del sol? ¿Cómo se está adobando a la otra familia poco a poco?

Me estoy empezando a preocupar de lo lindo. ¡Menudas lagartas madre e hija!

El Sr. Don Gato

Hoy hemos hecho un intercambio. Los vecinos se han llevado a mi Don Bimbas y me han dado a cambio un cachorro de Maine Coon, la raza de gato más grande. Un gato que no puede ser más bonito y más cariñoso.

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El Cachorro y yo, encantados de la vida. Pero El Cachorro tiene alergia a los gatos. A veces no le da, y yo creo que se le ha pasado eso de la alergia, a pesar de que El Señor de las Bestias me ha dicho que, si íbamos a por el gato, que le diera un antihistamínico. Pero yo no tenía.

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¿Qué ha ocurrido? Que El Cachorro se ha restregado vivo con el gato.

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Y le ha dado alergia. No podía con el picor de ojos, el pobre. Lloraba y lloraba (y se los tocaba y se los tocaba, con las manos llenas de gato, pa’ qué queremos más).

Y luego ha rabiado, claro:

– Gato malo.
– ¡Cómo, gato malo! De malo nada, cariño. Él no tiene la culpa – le replico.
– ¡Intenta ser una cucada para que le toque y ahora que me pique!

Jaaaa. Me encanta esa atribución al gato de la responsabilidad plena de sus problemas. El gato tiene la culpa por ser tan mono. Pobre, le quiere echar la culpa a alguien de alguna manera…

Ratoncito Pérez ̶o̶l̶v̶i̶d̶a̶d̶i̶z̶o̶ juguetón

Se levanta El Cachorro con los ojos cerrados. Viene donde estoy yo, que llevo un rato danzando porque tengo turno de mañana en el trabajo y madrugo un montón. Se choca contra mí.

– Tengo los ojos cerrados para no ver el regalo.

No le entiendo muy bien porque es lo primero que dice al levantarse y está adormilado.

– ¿Cómo?
– Que no abro los ojos para no ver el regalo.
– ¿Qué regalo?

Pienso que está sonámbulo perdido y que se está haciendo un lío, que ayer era el Día del Padre y que lo mismo está pensando en eso.

– ¡El regalo!
– ¿Cuál, cariño?
– ¡El del ratón!
– ¿Qué rat…?

COOOOOÑO. Ayer, mientras cebábamos por ahí por el Día del Padre, se le cayó un diente.

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Cuando llegamos a casa lo pusimos en la cómoda de su cuarto. Y hasta hoy.

Mierda.

Mira que, conociéndome, al llegar a casa me dije: “Amaya, que no se te olvide dar el cambiazo. Y si no lo haces ahora, por la mañana, que te levantas pronto”. Y, seguidamente, borré ese pensamiento de mi mente.

Menos mal, MENOS-MAL, que a El Cachorro le ha dado por no querer ver si estaba o no el diente.

Así que he ido con él al cuarto y le he dicho que se escondiera debajo de la cama, que no mirara. He cogido el diente y he ido a mi cuarto, al armario donde tengo chorraditas para que lo del ratón me pille con algo en casa, saco la bolsa y cojo lo primero que veo, un bote con una masa fosfo que hace ruidos de pedos.

PERO, claro, canta por soleares que me he ido a mi habitación y que se ha oído el ruido de trajinar con una bolsa. Así que no dejo el regalo en vez del diente, y le digo a Él Cachorro que qué extraño, que no veía su regalo por ninguna parte.

Lo dejo en la mesita de la cocina.

Vuelvo.

– Sal, sal de debajo de la cama, cielo, que aquí no hay nada.

BUENO. Superdisgustado.

– Pero es raro – continúo – porque el diente no está.

No le encontramos explicación. El pobre está cada vez más extrañado y decepcionado. Pero no se le ocurre ir a la cocina. Y yo estiro el paripé, para darle más veracidad a la jugada.

– Cariño, lo mismo ha considerado que ya estaba bien de regalos. ¿No ves que tenéis muchos dientes? ¡No va a dejar un regalo por todos los dientes!

El Señor de las Bestias, que sale del baño, me mira extrañado. Le cojo en un aparte y le cuento la movida.

– Ya, ayer cuando me acosté vi que estaba el diente encima del mueble y me dije: “Bueno, será que Amaya lo pondrá ahora”…

Y se fue a dormir, con toda su cachaza. Que esa es otra. Lo del ratoncito también es, por lo visto, mi responsabilidad. El comprar regalos de reserva, el esconderlos, el quitar el diente, el colocar el regalo… y el agobio de hoy.

Críticas aparte, y como El Cachorro no pisaba la cocina ni por equivocación y cada vez estaba más tristón, le llama su padre: “¡Ven a desayunar, anda!”

Y, cuando va… tachán.

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– ¡Anda, vaya! – digo – ¡nos ha salido gamberro el ratoncito, esta vez! ¡Qué tío!

El Cachorro, feliz.

PD. Por cierto, eso de taparse los ojos para no ver si estaba el diente o qué regalo le había dejado el Ratoncito Pérez, ¿no será porque es tan cuco como su abuela?

Cuando mi madre era pequeña, descubrió en un armario sus regalos de Reyes. Y no dijo ni mu. No fuera a ser que le dejaran de traer cosas sus padres…

¿No será que El Cachorro se levantó, no vio nada, y dijo lo de que se tapaba los ojos para darme tiempo a reaccionar? Porque, otra cosa no, pero DISCURRE QUE DA GLORIA.

Promesa a unos padres

Se enfada El Cachorro con nosotros y salta: “Pues aunque digáis que no queréis ir a una residencia, os pienso llevar”.

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Magnífico propósito para el Día del Padre.

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¿Por qué tendrá esa manía de amenazarnos siempre con el tema de la residencia? ¿Cómo es que la tiene tan presente? Bueno, bien es cierto que su bisabuela, abuela de su padre, está en una. Como no sea por eso… Lo que está claro es que no le parece el mejor plan del mundo. Y es su baza para acojonarnos.

Robalmejas

Nos vamos a cenar por ahí por el cumpleaños del Señor de las Bestias. Don Bimbas pide pizza y yo spaguetti alle vongole, con almejas. Vaya, justo lo que le gusta a mi Bimbín.

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Así que se dedica durante toda la cena a pescar las almejas de mi plato para zampárselas bien a gusto. No tiene reparo alguno en dejarme los espaguetis temblando.

En fin, mientras coma…