Nueva cuidadora

La mujer que cuida a mis hijos ha tenido que irse más de dos semanas a su país. Y nos ha encasquetado a una compatriota amiga suya, una señora mayor. Yo, que soy de natural confiada, me he agarrado a ese lazo que tienen y que si ella se fía, yo también, y no he puesto pegas. Estoy ahora como para ponerme a hacer castings o buscar otra solución, que no la hay. Porque, tras un mes de paro, justo hoy empiezo a currar. Así que he dejado a mis hijos en manos de esta desconocida.

Menos mal que de lo que me quejo siempre, hoy me sirve. Curro mucho. Y hoy currar mucho me viene de perilla para no estar pensando todo el rato en si mis hijos estarán bien o mal con esa señora nueva.

A la vuelta del trabajo, me preguntaba con qué panorama me iba a encontrar. Y, oye, los dos estaban FE-NO-ME-NAL. El Cachorro con una sonrisa de oreja a oreja.

Están los pequeños tan pichis, cómodos con esa señora como si llevaran años con ella, haciendo las cosas de siempre, como cuando Don Bimbas toma a su hermano mayor por un asiento.

niños

Que ahora me pregunto si esta actitud responderá a que he dejado siempre que a mis hijos los cogiera en brazos cualquiera, o a haber permitido que alguna amiga se los llevara a dormir a su casa. Quiero creer que eso fomenta que cuando les cambias la rutina, se adapten de mil amores. Haces que no se apeguen demasiado a la gente. Que la quieran mucho (son muy besucones y cariñosos), pero que su felicidad no dependa de personas en concreto. O eso quiero pensar…

(Deducciones a medida Amaya Rey. Olvídese de los remordimientos. Solicite presupuesto sin compromiso).


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