No puede ser más rico

Leo tres capítulos de un libro a mis pequeños a punto de dormir y luego arropo a cada uno. Besitos y cosquillas a El Cachorro. Mimitos y carantoñas a Don Bimbas. Y Don Bimbas, que es un tierno que para qué, achuchable como pocos seres vivos en la faz de la tierra, me dice con voz adormilada y ñoñita: “Qué mona eres, mamá”.

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“QUÉ-MONA-ERES, MAMÁ”.

¿Qué, como os quedáis?

Yo, estupefacta. Auguro que la sonrisa me va a durar una semana.


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