No falla

Decidimos irnos todos de viaje al día siguiente, lo cual implica hacer maletas a última hora como una descosida. Para colmo de males, el destino es la nieve; nos vamos a esquiar. O sea que lo de la maleta se complica. Porque tienes que llevar toda la ropa de esquí, que anda que no ocupa, con todos sus aperos de guantes, gafas, ropa térmica, etc., más la ropa de calle para todos los días. Y, como es de esperar, no solo me encargo de mi maleta, que bastante tengo, sino de las de mis dos retoños. Un horreur y paveur que no tengo palabras.

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Y es entonces cuando surgen las anécdotas.

Don Bimbas, en estos momentos, tiene, que los he contado, 22 pantalones de invierno, de los cuales 19 están en el armario. Una barrrrbaridad. Pues bien, me pongo a hacer maleta para él, ¿y cuál quiero? El que está lavado.

Hale, vete al tendedero, rescátalo y ponlo a secar en el radiador.

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Pero… ¿se puede saber que he hecho yo para ser yo?


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