No es el dolor el que determina el jarabe, es justo al revés

Como El Cachorro parece haber heredado lo de ponerse malo cuando nos vamos de vacaciones, tal y como hacía yo de pequeña (bueno, y ahora), nos ha vomitado un par de veces durante el viaje. También tenía algo de diarrea.

Una vez en destino, salimos a dar un paseíto nocturno.

niño

Nos comunica que le duele la cabeza. En efecto, tiene fiebre.

– No te preocupes, volvemos al hotel ahora y te damos jarabe. – Le decimos.
– ¿De cuál? ¿Del rojo o del naranja? – se interesa.
– Del rojo. – Le informo. Lo odia.
– Noooooo, del rojo noooooo.
– ¡Pero si es el del dolor de cabeza! – le dice su padre. – El naranja es el del dolor de oídos.

Y salta:

– Que «merivocao», no me duele la cabeza, me duelen los oídos.
– Espera, mamá – replica el Señor de las Bestias – el rojo es el de la cabeza y los oídos. El naranja es el de las uñas.

El Cachorro continúa quejándose de que no le gusta el rojo. Más tarde lloriquea.

– ¿Qué te pasa, cariño? – le pregunto.
– Que me duelen las uñaaaass…


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