Ni deja trabajar, ni trabaja

¿Vosotros creéis que es posible manejar un ratón con un hijo de casi 14 kilos colgado del brazo?

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Pues no, no es posible. Para mi escribir es como ir al gimnasio. Cada vez que me siento frente al ordenador, hago pesas.

Y luego viene la parte de: “Quero sentaaaaa”. Y tengo que echar mi culo a un lado para que el suyo quepa en la silla.

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Y así, mientras escribo estas líneas, él puede colocar con tranquilidad su flota de vehículos justo aquí y ponerse a jugar.

Pero le dura poco, lo de centrarse en lo suyo. El nene es el especialista del incordio. Me ronda, me trepa… NO HAY MANERA de trabajar. Necesito escribir con boli en una hoja y, como tiene afición a cogerme brazo sin parar, en vez de letras estampo rayajos (lo cual es más estético, porque mi letra propia de un médico con párkinson es horrorosa, inclusive más ininteligible, si cabe). Si entra cualquiera en ese momento en la habitación y ve el papel, seguro que cree que es obra de El Cachorro. Y yo no lo desmentiría… 😉

En fin, tengo un ayudante personal que estoy por mandárselo a la competencia. Quién me iba a decir a mí que trabajar iba a suponer tanto trabajo.


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