Muy inteligente, muy noble y… demasiado bueno

Estoy hablando de El Cachorro. Hoy he tenido tutoría. Me cuenta su profesora que tengo un hijo con mucho mundo interior, muy imaginativo, ¡que baila muy bien! (igual tienen algo que ver los bailables que a veces nos marcamos durante el desayuno cuando pongo la música a tope a ver si así nos despertamos).

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Que es muy noble. Y muy bueno. Eso ya lo sé.

Fijaos si es bueno que en su clase hay algún matón, y uno de los blancos es mi hijo, y cuando, ya harta de haberle dicho desde que nació que no se pega, viendo que hay críos que abusan de los que no pegan, y que no hace más que recibir, voy y le digo que se defienda, que la devuelva, y me viene con que: “Yo no pego, mamá”. ¿Se puede ser más bueno? Es más bueno que yo.

En San Isidro otra compañera tuvo la fabulosa idea de esconderle su gorra y el pañuelo. Por supuesto, nunca aparecieron. Es que “era broma”. Si, ya, jarajá. Yo le dije: “Dile que te ayude a buscarlos, y que a ver qué le parecería a ella que tú le escondieras sus cosas”. Y también me contestó: “Nooo, yo no le voy a esconder sus cosas”. Ni siquiera le proponía que se las escondiera, sino que le hiciera pensar a la niñata esa. Pues ya veis. Definitivamente, muuuuuuuuucho más bueno que yo.

También es cierto que yo de pequeña era igual que él. Igualica.

Además, le ha dicho a su profesora que quiere ser “periodista de animales”. Así que camino lleva a ser mi réplica pero en tío.


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