Monería legendaria

Estoy días estoy llevando a los críos al cole en el Defender, el coche favorito de El Cachorro, que parece un tanque, con el que no pasamos, lo que se dice, desapercibidos. Para colmo, van los críos gritando desde el coche, llamando la atención, por si este no fuera lo suficientemente cantoso. Les hace ilusión que sus amigos les vean en él. Así que, en los aledaños del cole, andan con media cabeza fuera, desgañitados: “¡Marco, Marcoooooooooooooooo!”, llama uno entre alaridos, “¡Leo, Leoooooooooooooooo!”, chilla el otro como un poseso.

madre 28 (1)

En esto que saludan ambos a un niño más de la edad de El Cachorro y les pregunto quién es. Me lo explica El Cachorro (menos mal, con el otro no me entero).

– Es un amigo de Rodrigo – su mejor amigo, de su misma edad.
– ¿Y os saluda a los dos?
– A mí porque soy amigo de Rodrigo y a Pablito porque es muy mono.

El hermano mayor es muy consciente del poder de atracción del pequeño. No en vano, si se junta con su mejor amigo, Rodrigo, y está Don Bimbas, Don Bimbas y Rodrigo (“Rogui”, como le llama el peque) se vuelven uña y carne y eso a él, lógicamente, le sienta como un tiro.

Ahora tiene que aguantar que, además, los amigos de su mejor amigo consideren a Don Bimbas como uno más de la manada. Pero, os digo una cosa, lo tiene bastante asumido. Porque tiene un corazón que no le cabe en el pecho.


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