Milagro

Milagro no es caminar sobre las aguas o convertir el agua en vino.

madre 18 (1)

Milagro es salir ayer a un evento, beber unos vinillos, unas cervecitas, una copa… llegar a casa como una flamenca, echarme a dormir la mona, oír por la mañana un ruidillo repetitivo y pasar olímpicamente de él hasta que lo que tengo que oír es el DING-DONG de la puerta de mi casa, abrirle a mi vecina para que me diga: “Me ha llamado el Señor de las Bestias para pedirme que te venga a despertar, que te está llamando al fijo y no le coges y tienes el móvil sin batería”, preguntarle que qué hora es pues y que me diga que las ocho menos diez, cuando yo levanto a los peques a las siete y cuarto para ir al cole, cerrarle la puerta en las narices e ir corriendo con el estómago en la garganta y la cabeza como un bombo a despertar a mis críos, vestirlos, ventilar las habitaciones, preparar el desayuno, ducharme, hacer las camas, las tres, hacer los almuerzos (encima hoy no toca el de unas galletas y andando, toca el de la fruta pelada), exprimirme unas naranjas para hacerme un zumo espero que reparador, insistir a los niños para que terminen su desayuno, peinarlos y perfumarlos (con el líquido desenredador, los peines y la colonia que me he llevado al salón para hacerlo mientras bebían el Cola Cao), peinarme y perfumarme yo, lavarme los dientes, poner a punto la mochila del peque y el bolso de deporte de El Cachorro, que hoy toca judo, coño, a ver dónde está el cinturón y la botella con agua, encontrarlos, llenar la botella, gritar a los niños que vayan desfilando hacia el ascensor y lo llamen, ir corriendo con mis tacones, mi bolso, la mochila, el bolso de deporte y Don Bimbas en brazos, que se niega a andar, hasta el coche, atar a uno, atar al otro, arrancar, comprobar en el reloj del salpicadero que voy entre cinco y diez minutos más tarde de lo normal, cuando de normal ya voy tarde y tengo que dejar el coche donde el cole medio tirado en doble fila para salir pitando con los dos críos, meterme en el atasco de siempre, entrarme la risa floja, llegar al cole, aparcar en doble fila dejando el coche medio tirado y salir pitando con los dos críos, subir tirando de ellos y de la mochila y de la bolsa de deporte con mis tacones CUESTA ARRIBA, que es mortal de necesidad, ¡¡y llegar a tiempo de que El Cachorro se incorpore a la fila de su clase cuando estaba ya entrando en el edificio!! ¡¡Y luego depositar a Don Bimbas en su clase, que está en el patio de abajo, justo antes de que su profesora cierre la puerta!!

No os cortéis, poneos en pie y aplaudidme.


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