¡MIERDA! (Advertencia, fotos explícitas. Si eres de fácil arcada, NO entres).

Viene Don Bimbas:

– Mamááá, a Simón se le han caído las piernas del pitufo haciendo caca y están en la cacaaaa.
– ¿¡Qué!?

Pues tal cual me lo está contando. El Cachorro se había puesto a hacer caca jugando con una piecita pequeña de un pitufo de Huevo Kinder, y se había caído en medio de su caca.

– Uff. Pues poco se puede hacer – digo con cara de asco.
– ¡Pero es que si no va al mar! – me replica El Cachorro.

Maldita sea. En buena hora me puse a educarlos en el respeto al Medioambiente.

– Pero, cariño, jopé qué asco, no sé cómo vamos a coger eso.

Recuerdo que había unos guantes para limpiar el baño que la otra chica que tuve en casa quiso que le comprara (yo no utilizo guantes para nada). Pero no los encuentro. Igual se los llevó de recuerdo…

– Nada, no hay guantes. Me parece, hijo, que en esta ocasión se va a tener que ir al mar eso.

Y me voy.

Pero veo a El Cachorro que va a la cocina y Mayra, la chica que trabaja con nosotros, que está partida de risa con el incidente (¿por qué da por hecho que ella se libra de tener que intervenir? Jaaja), me informa: “Es que dice que lo va a coger con una bolsa”.

– ¿¡Con una bolsa!? Anda, anda.

Pero lo pienso y… mira, no es mala idea. Voy a por la bolsa, reconociéndoselo.

– Bueno, venga, te doy la bolsa, y lo haces tú.
– Es como cuando el abuelo coge la caca de Sila – el perro.
– Sí, claro. Hale, toma.

Y vamos todos al baño. Yo, con escala previa en mi estudio, para coger el móvil e inmortalizar este momento.

madre 25 (1)

Mete la mano El Cachorro.

– No lo encuentro…

Y ahí está, revolviendo en la mierda.

– Ay, pues chico, se habrá ido por detrás. Agggh – me está dando un asco que no puedo.
– Jaaajajaajaja – la chica –. Me entra risa al verle la cara, Amaya.

Está disfrutando de lo lindo, la muy perraca.

Y, jobar, si me dices que es algo de mucho valor… ¡¡Pero es que son las piernecillas de un pitufo que te viene con los Kinder Sorpresa!! ¡¡Ya me dirás!!

Pues El Cachorro ahí, busca que busca.

– Cuando lo encuentres, al lavabo. ¡Pero no lo saques directamente y que vaya goteando!, Ay, porrrrr favorrrr, pero qué asssscooooo…
– Jaajajaajaa – Mayra.
– … lo sacudes bien sacudido y después vemos cómo lo trasladamos al lavabo.

En esto, la mano de El Cachorro emerge con una bola de mierda y las patas del pitufo pegadas.

madre 25 (2)

– ¡Alto ahí! – exclamo. – ¡Ni se te ocurra sacar eso así!
– ¿¡Pues cómo!? ¿¿Cómo??
– ¡Quietoooo! ¡¡A ver, no saques toda la bola de caca, hijo, jopé qué puñetero asco, mierda!!
– Jaaaaaaaaaa – Mayra. Le voy a bajar el sueldo.
– ¡Que cómo hago! – El Cachorro.
– ¡Hijo, déjala en la loza, en la pared del propio váter – dudo que sepa qué significa “loza” – y rescatas las piernas!

Y lo veo estirando la mano que tiene libre, SIN BOLSA NI PROTECCIÓN ALGUNA, a coger las piernas directamente de la caca.

– ¡¡NNNNNNNNNNNnnnnnnnnnnnoOOOoOOoOOooooOOO!! ¡¡¡Con esa mano NO!! – la retira asustado, cuando estaba a un milímetro –. ¡Hijo, pega la caca ahí y CON LA MISMA MANO DE LA BOLSA rescatas las piernas!

Dicho y hecho. Ahora las piernas están rebozadas en mierda cogidas con la bolsa. Pliego un poco la bolsa para que no gotee y ponemos todo en el lavabo. Pero ahí ya tengo que operar yo. Intento quitarle toda la mierda que puedo estando aún dentro de la bolsa, mientras voy retransmitiendo lo que me parece estar haciendo eso: “Ay, joé, qué maldito assssco, madre, por favor, puaajjjj, me muero”.

Al final, saco las piernas, que siguen teniendo mierda, y esta vez sí las tengo que agarrar con mi mano desnuda. “AAAAAAAAARRRRRRRRGH”.

– Jaa, ja, ja -. Ya sabéis quién.

Pillo el jabón y enjabono todo como si no hubiera un mañana. Y dejo las patas esas secando en el lavabo.

madre 25 (3)

Y pienso que, si el Universo está probando mi valía como madre, creo que hoy ya me he ganado una matrícula de honor.


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