Mal agüero

Vuelvo a la cocina y veo a El Cachorro, que está sentado en la mesita, esperando la cena, con los ojos llorosos. Estaba solo, no ha ocurrido nada, Don Bimbas se hallaba en otra estancia de la casa, sin dar por saco… y él con cara compungida. Me descuadra.

– ¿Qué te pasa, cariño?
– Nada…
– ¡Pero si estás muy triste! ¿Qué ocurre?
– Que estoy pensando que Pablito se moría…

Ay, Jesús. No, si cuando digo que mi mayor es como yo, no me equivoco. Yo es que me pego unos berrinches del patín cuando me da por pensar que se me muere gente, especialmente mis hijos. Ahí me rompo. En mi torturada imaginación, ya los he matado de todas las formas posibles: se atragantan de repente, se caen de una altura, les detectan un cancerazo… No sé por qué me maltrato así, no sé por qué me da por pensar estas cosas horribles, pero me da. ¿”Pensamientos intrusivos”, se llama? Y resulta que a mi chico, pobre… ¡le está pasando lo mismo! Y se sufre horrores.

madre 8 (1)

Pero yo creo que, cuando te pasan cosas extrañas, alivia bastante saber que no eres la única persona a la que le ocurre eso.

– Oh, cariño, eres como yo, ¡a mí también me pasa lo mismo!
– ¿Sí? ¿Y qué piensas?
– Truculencias varias, cariño. Pero lo que hay que hacer es reponerse y pensar que estamos todos aquí, vivitos, felices y coleando, y ya está.

Es fácil decirlo. A ver si, al contrario que yo, él es capaz de controlarlo…


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