Los disfraces no tienen ni pizca de gracia

El Cachorro no ha sido nunca un gran fan del disfraz. Pero menos, muchísimo menos, de los “apechusques” que el disfraz disponga para ponerse en la cabeza y completarlo. Así, ha sido un caballero templario sin casco y un Spiderman sin anonimato.

Esta vez había que ir disfrazado de un motivo navideño al cole. Ha transigido con los pantalones y la chaqueta, pero con el gorro, ni hablar. También, más que nada, porque no le cabía en la cabeza, todo hay que decirlo. Y asimismo ha sido un Papá Noel imberbe. Menudo pollo para no ponerse la barba. ¡Ni para la foto! Mira que le he dicho que era solo un segundo, pues no. Le he tenido que obligar…

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Y, claro, me ha salido esta foto tan “simpática”. Qué rancio, válgame.

Observo que tiene pánico a que se rían de él. Lo primero que ha preguntado es si los demás iban disfrazados. Le he dicho que sí, y que si veía que era el único con disfraz una vez llegara al cole, que se lo quitaba. No ha hecho falta. Ahora lo que quiero es que esa madre que ha conseguido plantarle un abeto de grandes dimensiones a su hijo en la cabeza, me cuente cómo lo ha hecho.

nenes

No salgo de mi asombro. ¡Pedazo de árbol le ha puesto! Estoy tremendamente admirada.

nenes

Don Bimbas le va a la zaga a su hermano. Le he puesto la barba y ha reaccionado como si le hubiera lanzado a la cara un ectoplasma apestoso.

madre

Qué manera de revolverse. Ni Matrix.

Pero bien que se ha descojonado cuando la barba me la he puesto yo. ¡A limpia carcajada!

madre

Está claro que los disfraces molan un huevo… si se los ponen los demás.


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