Ley de Murphy y otros ascos

Ese momento en el que estás cambiando las sábanas a El Cachorro y sabes, fehacientemente, que en breve ocurrirá una catástrofe. Solo porque estoy colocando unas sábanas limpias.

Y así ha sido. Esta noche El Cachorro me ha llamado porque tenía pis, y de ahí se ha desencadenado todo: le molestaba la garganta, tenía sed y le dolía la cabeza. Una cosa detrás de la otra. En efecto, estaba caliente. 38,3º caliente, exactamente. Así que además del jarabe para la tos, le he cascado el paracetamol. Que lo odia. Pero le he metido la jeringa en la boca con extrema facilidad, y he pensado, entre extrañada y asombrada: “¡Mucho le tiene que doler la cabeza para que no proteste!” Pero, ah, no, de eso nada…El Cachorro tenía un as en la manga. Se ha guardado el jarabe en la boca y luego lo ha escupido.

sábana

Sábana, bajera, funda de almohada, almohada… Todo con unas magníficas manchas rojas. El cabreo que me he agarrado ha sido de órdago a la grande. Odio ser tan buena agorera.

De día, la diversión continúa. ¿Sabéis eso de que el mundo es un pañuelo? Pues LITERAL. Hoy me lo han demostrado:

Don Bimbas lleva tooooodo el santo día condecorándome como la mejor madre del mundo. Con estas vomitonas.

madre

Y en esto que se me acerca El Cachorro mientras daba el pecho a su hermano, con unas velas soberanas. Me pregunta si le puede dar un «bezito». Le digo: «Claro, cariño, pero cuando te limpie esos mocos».

madre

¿Sabéis qué es esto? Unos mocos en el sofá.

Porque, ni corto ni perezoso, en cuanto le he dicho que podría dar un beso al hermanito cuando no tuvieras mocos, se ha subido al sofá y restregado su nariz en el respaldo para limpiarse.

Sigue vivo de milagro.


Deja un comentario *
* Tienes que pertenecer al Club Cosmo para poder hacer comentarios