La venganza

Mira, o sea, ¡es que no me lo puedo creer!

Aquí el peque, que es un testarudo y un soberbio, y odia que le lleven la contraria y que le manden, desde hace unos días tiene una manera de hacerte saber cuán disgustado está por algo que le has dicho (llamándole la atención, apenándote, echándole la bronca, explicándole cualquier cosa), y es ESCUPIR.

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Sí. Tú le dices que no tire los guisantes del plato al suelo (no que no se le caigan, sino que no los tire, porque eso es lo que hace), y se enfurruña y te responde escupiendo. ¡¡Me cago en el crío!! Cómo odio que haga eso. No sé de dónde se lo ha sacado, pero me saca, valga la redundancia, de mis casillas. Me parece humillante, despreciativo, tremendamente rebelde y asqueroso.

Total, que empiezo con una bronca y enlazo con otra. Y cuando se le ocurre escupir de nuevo para protestar porque le he reñido por escupir una primera vez, o cuando dos minutos más tarde tiene lugar una situación similar y reacciona de la misma manera por la que le he llamado la atención dos minutos antes, con un escupitajo, la siguiente opción es castigarlo. (Hay otra, que es estamparlo, y eso no lo contemplo). Así que lo agarro y lo llevo al baño pequeño, y lo encierro.

Él, claro está, grita y protesta. Y cuando vuelvo a abrir la puerta, me encuentro con esto:

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¡¡Es la puñetera segunda vez que lo hace, el desgraciado!! Una vez le castigué de la misma forma y también se cargó el cacharro ese del suelo. Igual. (Ver post del 22 de junio)

¡Jopé con El Vengador!

De verdad que me lleva al límite, este crío. ARGH.


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