La noche de las sábanas blancas

Aquí donde los veis, hay dos edredones tratando de secarse extendidos en el salón. ¿Y por qué?

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Porque, no sé por qué razón, en cuanto cambio las sábanas de los niños, se las ingenian para ensuciarlas recién puestas.

O Don Bimbas las estrena con una estupenda meada o el otro sangra. O cualquier otra razón.

Esta noche, El Cachorro se ha puesto a vomitar.

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El Señor de las Bestias le ha retirado las sábanas y lo ha tapado con una mantita. Esta mañana, cuando los he levantado, al recoger la cama de Don Bimbas salta El Cachorro: “Ahí también vomité”.

– ¿Sí? ¿Aquí también? ¿Además de en tu cama?
– Sí, me asomé y vomité.
– ¿De verdad? ¿Por dónde?
– Por aquí – señala.

Acerco mi nariz y huelo. En efecto, huele a vómito.

– Pero, vamos a ver, una vez que te pones a vomitar… ¿¡no puedes hacerlo solo en tu cama!?

Me tienen desesperada perdida, de verdad.

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