La influencia del cine

En la cocina, después de desayunar, El Cachorro coge una pizarrita-imán que tenemos en la nevera y se pone a dibujar. Le pide a Don Bimbas que se ponga delante, quieto. Vamos, que lo está haciendo posar. Y el otro, muy obediente, hace caso de su hermano. Y me dice: “Quiero ser como el chico del “Titanic””.

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Vio los retratos de Jack y cómo inmortalizaba a Rose, con el diamante, y ahora le ha dado por ser dibujante. Retrata a Don Bimbas. Cuando termina, se lo enseña. Don Bimbas: “Qué feo”.

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Muy favorecido no ha salido, la verdad sea dicha. Madre mía qué horreur. Es como el Ecce Homo de Borja.

Don Bimbas se venga retratando a su hermano.

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Esto ya es un burruño auténtico.

Pero a mí me ha dado algo de envidia. Así que pongo a El Cachorro delante de mí y lo dibujo. Creo que no hacía un dibujo desde la adolescencia. Por aquel entonces, era bastante buena haciendo dibujos graciosos, sobre todo caricaturas. Era TAN buena, que alguna de mis amigas se enfadó conmigo y todo. Hay que ser más maduro como para apreciar el humor y reírte de ver tus defectos agrandados. La adolescencia no era la mejor época para hacer caricaturas de los demás…

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En cualquier caso, me pongo a ello y esto es lo que sale:

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Bueno, oye, que llevo tres décadas sin coger un lápiz, ¿eh?

Claro que, para qué quieres más.

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El Cachorro me emula y…

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Esta soy yo.


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