La coletilla definitiva y la voz de la conciencia

Me parto porque, cada vez que Don Bimbas pregunta con cierta suspicacia qué comida es la que sea, cuando le contesto, siempre añado después “que te gusta”, porque me lo veo venir.

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Por ejemplo hoy, con su almuerzo para el cole. Toca fruta, y he troceado una pera que he metido en un táper. Es uno nuevo y le enseño cómo abrirlo. Pero está más atento al interior, así que cuando termino, ataca:

– Mamá – así con su vocecita tan dulce – ¿esto qué es?
– Pues perita, cariño, QUE TE GUSTA…

Y es entonces cuando se queda como pillao, yo creo que procesando: “O sea, que me gusta”…

Quien que sí sabe qué le gusta y qué no, es El Cachorro. Es más, también sabe qué le conviene. Cuando preparo a los niños su almuerzo para el cole, para no ir a lo fácil ni ser una mala madre, procuro seguir las directrices que se establecen en Infantil (pero para los dos, y así llevan lo mismo). Los lunes, galletas, los martes, bocadillo, los miércoles, fruta…

El viernes el almuerzo es libre y yo tengo prisa. Así que les estoy envolviendo en papel de plata unos cereales de chocolate.

– ¿Puedes ponerme para el almuerzo fruta? ¿O verdura? – me pide El Cachorro.

Flipo.

– ¿Fruta o verdura?
– Sí, porque estamos comiendo fatal. Mira, una galleta para desayunar… Crispis… – Eso es lo que les ha caído hoy, sí.

Así que le digo que puede llevarse una zanahoria y, acto seguido, se encarga él mismo de pelarla.

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Menos mal que mira él por su salud… Y qué bendición que no tengo que decir “toma, zanahoria QUE TE GUSTA”, porque le gusta de verdad.


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