La alianza entre el (puñetero) cosmos y mi hijo pequeño

¿Veis estas dos sábanas, la que acabo de recoger y la que está tendida?

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Acabo de poner una lavadora con edredón, bajera, empapador, sábana y funda de almohada, así como con pijama. La segunda lavadora consecutiva con el mismo contenido.

Hace dos noches, se estaban poniendo mis hijos el pijama.

– Espera – le dije a Don Bimbas – tu pañal.

Don Bimbas se pone pañal por la noche pero hace tiempo que no se hace pis nunca. Se hizo, ¿recordáis?, para hacerme a mí la puñeta cuando volvió de sus vacaciones sin nosotros en Cataluña, a principios de verano, y especialmente la noche anterior a nuestro vuelo a Vietnam, y en nuestra cama, para más inri. Y después, no más. En Vietnam, 21 días de viaje, nasti de plasti. Y en Madrid, tampoco. Hasta que en septiembre le dije:

– Mira, cariño, te voy a poner el pañal hasta pasada la primera semana de cole, y si sigues sin hacerte pis, porque no te estás haciendo en absoluto, te lo quito.

Dicho y hecho. Se lo quité una semana después de haber empezado el cole. ¿Y qué hizo él? Mearse ESA MISMA NOCHE. ¿Y después? MEARSE LA SIGUIENTE NOCHE. A la tercera que lo hizo, terceras sábanas a la lavadora, volví a colocarle el pañal.

Lleva con pañal todas las noches y, ¿adivináis qué? No se hace pis JA-MÁS. De hecho, le pongo el mismo algunas noches seguidas, claro. Con lo caros que están, hay que reciclar.

Pero a mi niño, allá donde estuviera antes de nacer, lo diseñaron para hacerme la puñeta. Esto es así, lo mires por donde lo mires. Dormir una noche seguida para mí es una quimera. Porque si no son sus dolores de rodillas es el picor de piel, y si no es que se ha meado, o se pone a gritar de la nada o, como suele hacer y está haciendo últimamente casi todas las noches, viene a mi cama y se me cuela.

En cualquier caso, la puñeta, ya os digo. Lo de quitarle el pañal después de que no se le salga ni una gota de pis en mes y medio, y mearse, lo hace para joder. Ya está.

¿Y sabéis qué hace también? Esperar al cambio las sábanas. Cuando les cambio las sábanas, que además hago lo propio con los pijamitas, para que esté todo recién limpito y se metan a gustito en la cama, ese día, ESE JODIDO PRECISO MALDITO DÍA, me la lía. La chica que me ayuda en casa con la limpieza LO FLIPA.

Cambio las sábanas y, zas, se hace pis con el pañal puesto pero se sobra. Y hay que quitarlo todo y poner otras nuevas. Y si el nivel de jodimiento está en plena forma, ocurre lo mismo la noche siguiente.

Pero, ah, ¿qué sucede cuando yo quiero especialmente dormir? ¿Cuando estar descansada una determinada noche es MUY importante para mí? Pues que Don Bimbas ya me tiene preparada “La Noche Especial”.

Hace dos noches yo tenía mucho interés en dormir bien. Tenía al día siguiente mucho que hacer y, además, por la noche, que presentar la premier de un cortometraje de Cosmo realizado para su campaña contra la violencia de género en el Palacio de la Prensa. Quería estar más o menos descansada y con la mente despierta.

Acosté a los niños y, como os decía, advertí que Don Bimbas no se había puesto su pañal.

– Espera – le dije – tu pañal.

Como las sábanas estaban recién puestas, tenía todo para estrenar. El pijama y pañal nuevos. Como era nuevo, no me fijé dónde iba la parte trasera y dónde la frontal. Y se lo puse como pensé que iba. A la vez, coincidencia, le dije:

– Que yo creo, cariño, que habrá que quitarte el pañal, ¿no? Porque como ya no te haces pis…

Poco imaginaba que se estaba produciendo una conjunción de ingredientes (sábanas nuevas, pijama nuevo, pañal a estrenar, comentario acerca de que ya no se hace pis, ganas tremendas de dormir por mi parte) que despertaba al cosmos, a Murphy y al subconsciente de mi hijo para que mi propósito de dormir como una bendita, se fuera al traste.

A esto se suma que yo estaba convencida de que iba a dormir bien. Ya me había despertado un par de noches con sus historias, y normalmente son dos noches en guerra y una de tregua. Esta tocaba la de tregua. Y él estaba cansadito y de muy buenas. No se había quejado de ningún dolor ni se rascaba. Prometía ser una noche ideal…

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A las 3:25 de la mañana, me despierta desde su cuarto la voz de Don Bimbas:

– Mamáááá, estoy mojado…

Eso que te despiertas con el dolor de cabeza puesto, porque, como soy boba, me había acostado, no cuando debo, sino a la una de la madrugada, y viajas hacia la consciencia desde un lugar muy lejano.

– Mñsbsbs… tápate – le dije.

Porque, mira, pensé, si está sudado, que se tape y punto, porque si me despierto ahora y le cambio de pijama y tal, me desvelo. Y como estoy obsesionada con que tengo que dormir, no habrá manera de que vuelva a caer. Y estoy en fase REM y no puedo ni abrir un párpado sin que me duela hasta en el coxis.

Se hizo un poco de silencio. Pero Don Bimbas volvió a atacar:

– Mamiiiiiii, me he hecho piiiissss.

No. No me lo podía creer. ¿¿Pis?? ¡Era imposible! Vamos a ver, lleva sin hacerse pis como dos meses. Dos meses que ni una gota. ¿Y se va a hacer pis? ¿Con el pañal puesto, además?

Estuve a punto de decirle también “da igual, tápate”, pero me pareció demasiado. Así que me levanté y fui. Toqué. En efecto, estaba mojado. ¡Pero cabía la posibilidad de que fuera sudor! ¡Tenía que ser sudor! Olí. No era sudor. Era pis.

Mecagüentodoloquesemenea. Hale, a quitar todas las sábanas, el pijama del pequeño, llevarlo hacia la ducha y darle al agua caliente. Mientras, tirar el pañal rebosante de pis, poner la lavadora, volver al baño, duchar al pequeño, secarlo, ponerle un pijama nuevo, un pañal (entonces sí que no tenía sentido, porque se había meado lo más grande y era imposible que quedara nada de líquido en su interior), llevarlo a mi cama, pues me negaba a ponerme a hacerle su cama, y apagar la luz.

A las cinco de la mañana, desesperada, le enviaba un mensaje al Señor de las Bestias, que lleva más de dos semanas fuera rodando, no para que lo leyera en ese momento, ya que es imposible despertarlo con un mensaje, sino para desahogarme y que viera en qué condiciones estaba.

No podía dormir de ninguna de las maneras. Don Bimbas, a todo esto, buscaba el contacto conmigo mientras roncaba. Y yo acabé mirando el móvil.

Creo que me venció el sueño a eso de las seis y pico de la mañana, levantándome a las 7:27. Es decir, el día que quería dormir, lo hice dos horas a principio de la noche, y una al final. Menos que ninguna otra noche.

Pensé en llevar a los niños al cole y volver a la cama. Pero me lie más que nunca. Hice compra importante en el súper, curré en este diario/blog, hice cosas de bancos, me fui a la peluquería de un centro comercial, allí compré un modelito para lo de la noche, compré medias, compré regalos para el cumple de mis hijos, volví a casa justo cuando llegaron del cole, me puse a hacer deberes con El Cachorro, los preparé para llevárselos a una vecina, me pinté y vestí y fui al evento que tenía que presentar.

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No os imagináis lo devorada que estaba. Esto terminó tarde y llegaba a casa pasada la medianoche. Tuve que ir a por mis niños, bajar al pequeño aúpa y a El Cachorro de la mano, como un zombi, acostarlos, y yo prepararme para hacer lo propio. Pero, claro, estaba muy despierta. No tenía sueño. Además, había que desmaquillarse, que me daba una pereza inmensa, porque no estoy acostumbrada a maquillarme casi nunca, pero jamás me he metido en la cama con la cara pintada. Total, que me acostaba hacia las dos de la mañana. Muy dispuesta, sin embargo, a aprovechar las pocas horas de sueño a muerte, a dormirlas con todas mis ganas.

Sí, lo habéis adivinado. A las cinco de la mañana…: “Mamááá, me he hecho piiis”.

“No me lo puedo creer, de verdad, ¡no me lo puedo creer!” Y, LA MISMA HISTORIA, solo que solo se oían mis lamentos. Hala, ducha al crío, mete todo en la lavadora, mete a Don Bimbas en mi cama y… mantén los ojos como platos.

Así que por eso tengo dos juegos de sábanas en el tendedero, y no descarto que haya un tercero esta noche…

P.D.1. Sí, hubo un tercero. Lo que mejoró es que mi niño se dio cuenta de que se había hecho pis DESPUÉS de sonarme el despertador, así que, al menos, la noche la dormí seguida.

P.D.2. Mierda de pañales que no sirven para nada.


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