Juguetes rotos

Tengo que aprender a aceptar que los juguetes de mi hijo, SON DE MI HIJO. Argh, cómo sufro cuando está en modo destrozo. Quita las pegatinas de su parking (después de cargarse el ascensor y de sacar las rampas) y le parece que quedan mejor pegadas en un mueble o sobre sus párpados. Y a mí me entra la pena mora al ver esta prematura (porque tiene un mes de vida) decadencia del juguete. Yo, que me dedico a ordenar sus coches por tamaños y colores, a recolocar sus chismes, en definitiva, a cuidar las cosas, lo paso FATAL.

juguete

Y, claro, me pongo dura con él y le riño por estropearlos. Creo que tiene que aprender a cuidar y respetar las cosas, las de los demás y las suyas, a darles valor. Luego me arrepiento un poco: “Es un niño, son sus juguetes, que juegue y haga con ellos lo que quiera”. Ay, qué dilema.

Con lo que yo era de pequeña. Bueno, era y soy. Todo ordenadico, las pinturas de colores colocadas en degradado, sufriendo como una mona si algo se rompía… Claro, que no a los cuatro años. A los cuatro años, o más, arranqué todo el empapelado de mi habitación. Así, rasgando, por las bravas. Parecía el cuarto de una chabola de las Barranquillas. Aquí la cuidadosa. O sea, que hay redención.


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