Interpretación de la realidad

Está El Cachorro con un par de cochecitos en la mano y Don Bimbas que lo ve, intenta cogerle uno. Pero su hermano mayor dice que nanay. Y eso que no les estaba haciendo mucho caso, simplemente los sostenía en la mano. Así que le comento que estaría bien que le dejara uno al pequeñito. Pero él opina lo contrario. Lástima, porque el canijo está entrando en DEFCON 2 y su cabreo está a punto de estallar. Procedo a apelar a la compasión de El Cachorro:

– Mira su carita, pobrecito – y pongo la misma cara afligida que el bebé. Y me salta, muy resuelto:
– Yo lo veo muy contento.

Y se pira tan pichi. Como ya se lo había pedido tres veces y, definitivamente, no quería dejárselo, no insistí. Debía pensar El Cachorro: “no nos volvamos locos con lo de compartir”. Y oye, este, a la postre, tiene que ser un acto libre. Así que Don Bimbas y yo nos resignamos. Pero a los veinte segundos, vuelve:

– Bueeeno, mamá, ya se lo doy a Pablo – ¡Y en efecto le da el coche!

Es un tesorazo como la copa de un pino.

niño

P.D. “Yo lo veo muy contento”, JAAAAAAJJAJAJAJJAAJA.


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