Impresionando a la novia

Don Bimbas se va a ver por la tarde con su novia, su vecina, con la que ya se ha ido de vacaciones (¡sin mí!) y todo. Se pone ansioso porque también es verdad que su suegra lo invitó ayer a su casa y nosotros no lo llevamos. Nos fuimos de compras. Así que hoy la invitación se ha renovado y él no ve la hora.

– Vamos a casa de Sofía – me dice.
– Sí, cariño, esta tarde.
– ¡No, hoy!

Me troncho con él. Le explico lo de las partes del día. Pero no lo pilla. Insiste en verla ahora mismo. Le convenzo para que sea paciente. No obstante, se pone la ropa que le he preparado y va al baño. Coge el peine y procede:

– Me estoy peinando así para que me diga “qué guapo, Pablo” – me informa.

Y se esmera. “¿A qué estoy muy guapo?”

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No sé por qué, pero resulta que se ve más favorecido con el pelo echado para atrás. Lo malo es que no lo tiene mojado y no se lo puede fijar del todo. Pero sí se despeja el pelo de la cara: “Para que se me vea la frente y no me moleste”. Está hecho un pincel.

Luego pasa de salir a desayunar con su padre porque quiere hacer un dibujo para su amada.

“Mira, he hecho a Sofía y a mí. ¿A que ves un pelo rubio?” Jaaaa, ja, ja.

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Me encanta que lo primero que haga de él mismo sea el pelo. Hay un pelo flotante. ¿Qué niño empieza por el pelo en vez de por la cabeza?

Al final, me enseña el resultado: “Ella es mi novia y yo soy su novio”.

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Anda que como acaben juntos de verdad, van a tener mucho que enmarcar…


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