Hoy puede ser un gran día

¿Creéis que tenéis un mal día? Pues leed.

Es reservar y pagar ayer un hotelazo en una playa de Huelva para salir de viaje mañana, y despertarme hoy a las cinco de la madrugada rascándome como una pulgosa desesperada porque la inyección de Urbason de antes de ayer no ha servido para quitarme una urticaria que me erupcionó hace tres días por primera vez en mi vida y que ahora ha contraatacado con mayor virulencia, deformándome la cara incluso.

Pasmaos:

niño

(Y eso que he colgado la foto que no asusta tanto).

Llamada a médico que acude a casa y me sacude otra inyección de doble ración de Urbason que me deja coja y más dolorida aún (no sabía que estas inyecciones dolían. Tanto).

Coger el ascensor para ir corriendo al centro de salud para recoger el historial de la mierda esta que me ha salido por si hay que enseñarla en Huelva, y toparme con todos los vecinos posibles. Que me miran como si fuera una apestada.

Salir del ascensor y llamarme la chica que limpia en mi casa para preguntarme si se puede presentar con su nieta, que esta noche le han tenido que dar tres puntos en el dedo y no quiere dejarla sola en casa. Estamos todos como queremos. Vale, que venga.

Salir del centro de salud con más recetas, ir directa a la farmacia, y estar cerrada.

Ir a la peluquería, con el canódromo saludando en lo alto, contarles lo de la urticaria, y decirme las peluqueras que no se atreven a meterme mano. Mierda, yo apurando para ir a la playa con el pelo monocolor, y organizándolo todo para dejar a Don Bimbas con una canguro, para que mi excursión capilar me salga rana. Así que voy a ir a la playa para estar tapada, ya que me han prohibido tomar el sol, y con el pelo a lo Cruella de Vil pero en cutre.

Intentar aprovechar el tiempo haciendo un recado como es cambiar unas cangrejeras del pequeño que descubro que le quedan pequeñas, a donde me tengo que ir al quinto pino, y no hacerme el cambio porque el tique está caducado. De hecho no se podían cambiar por otras mayores porque esas cangrejeras han tenido un éxito total y solo quedan un par de números iguales al que traigo. Vamos a ver, si se están vendiendo tan bien, ¿no se puede hacer una excepción y devolverme el dinero, que si no me las como con patatas? Pues no. Otro viaje específico infructuoso.

Volver a casa a punto para presenciar una de las toñas de Don Bimbas, que lo deja con el labio sangrando. Ya estamos conjuntados, como si nos hubiéramos inyectado bótox.

Mirarme en el espejo del baño, para ver si la hinchazón de mi labio termina de remitir, y descubrir que no solo no me voy a poner más morena en las playas de Huelva, es que voy a volver más blanca ¡porque me estoy pelando! Y juro que lo de pelarme no me pasaba desde hace años, en los que ni siquiera utilizaba factores de protección tan altos.

Un cuadro y aún no son ni las cuatro de la tarde. Me faltan todas las maletas, organizarlo todo… etc. En fin, llegada a este punto me permito recordarle al día, o al universo, aquello de lo que mal empieza, bien acaba. Por si me oye y baja el pistón.

Son las 18:55 h y se acaba de estropear la caldera. Me doy.

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No se vayan todavía, aún hay más (estoy escribiendo sobre la marcha):

19:47 y con el tinte en la cabeza, porque al final he encontrado la doctora que me dijera que sí, que podía teñirme, aunque ya no llegaba a la pelu y he tenido que hacerlo en casa, Don Bimbas rompe un frasquito enano de colonia que lo tengo desde el año catapún y al que le cogí mucho cariño. Además se corta en algún sitio que no logro ver. Sangre. De nuevo. Lo meto en la cuna con las sabanas recién limpias. Se manchan de sangre. Espero que en cualquier momento irrumpa la policía y me detenga por maltrato o por asustar a la gente por la calle con mi cara o porque me llamo Amaya. Por lo que sea. Me harían un favor.

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Al Señor de las Bestias le he pedido que venga pronto a casa y me manda esta foto:

niño

Ya llega tarde y está en un atasco.

Lo de la nadería de poner la alcachofa de la ducha en la bañerita para llenarla de agua, que se dé la vuelta y me inunde el baño, eso ya es hasta gracioso, fíjate. Bueno, no. Mala sombra, carallo.

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Pongo estos puntitos porque todo el rato creo que he acabado con la narración de los percances de hoy, que ya he acabado con mi post, y sigue habiendo nuevos y no me lo creo ni yo. Me parece que he acabado de escribir desgracias y surge algo nuevo y perturbador. No estoy dando creditito.

Ahora, viene el Señor de las Bestias con El Cachorro, que ha pasado el día fuera, y me cuenta que acaba de vomitar en el garaje. ¿A santo de qué, si nunca devuelve? Pues a que hoy es hoy, descarado. Y me dice que ha caído en la plaza del vecino. Que si bajamos a limpiar. ¿¿En serio?? ¿El día en el que estoy preparando maletas, enviando trabajos, yendo a hacer recados, organizando la casa, poniendo lavadoras, regando, escribiendo este blog, etc., etc., etc.? O sea, de verdad…

Y son las 23: 23 y, ¿adivináis que otra cosa acaba de ocurrir? Ha explotado la lámpara de la terraza. ¡Oleeeee! Donde, por cierto, lleva el Señor de las Bestias dos días trabajando porque ayer, justo ayer, se le ocurrió montar él solito un sistema de riego de las plantas para cuando estemos fuera. Con lo fácil que es encasquetarle el marrón a un vecino. Bueno, pues no. A liarse la manta a la cabeza. Y ahí está, a oscuras, porque por supuesto ahora el grifo pierde agua sin parar. Ah, no ha hecho la maleta, claro.

¡ES-TO-TIE-NE-QUE-SER-U-NA-BRO-MA!

Buenas noches.


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