Gremlins

Les prometemos ver una peli a los críos. Yo me echo a temblar, porque me apetece tirarme el último tramo del domingo frente a la tele, pero para disfrutar de lo que veo, no para tragarme algún bodrio infantil. En esto, se me ocurre volver a tirar de los clásicos. Ya sabéis que conmigo mis hijos han visto “Los Goonies”, “Los Cazafantasmas”, “El chip prodigioso”… Tenía ganas de que vieran “Los Gremlins”. Ya los busqué en todas las plataformas que tenemos, y creo que las tenemos todas, y ni rastro. La dos, sí, pero no la primera. Así que la alquilamos.

Ellos consienten. Creo que han visto que las pelis viejunas que le gustan a su mamá, tienen su encanto.

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No se puede decir que haya envejecido muy bien, la verdad sea dicha. Pero El Cachorro no protesta. Y Don Bimbas se queda dormido. En esto que, cuando ya ha ocurrido la catástrofe de que las decenas de bichos malos están haciendo de las suyas en el pueblo en plena Nochebuena, vemos que hay varios atacando a un Papá Noel. En la peli comentan algo así como: “Mira, están atacando a David, que siempre hace de Papá Noel”. El Señor de las Bestias me mira de reojo. Me mira de muy reojo. Pero que muy de reojo. La escena del desgraciado y puñetero Papá Noel nos parece que dura una eternidad. Y El Cachorro, ese ser que no se entera de nada más que de lo que no se tiene que enterar, que ahí, no sé por qué milagro vital, se entera siempre, no quita ojo de la pantalla. El Señor de las Bestias me mira de nuevo así muy fijamente de nuevo, cuando acaba la secuencia. Esa mirada me está diciendo, literalmente: “¿En serio te parece un contenido apropiado para un menor? ¿Saber que Papá Noel es un señor disfrazado, es adecuado? Por no hablar de ver a los Gremlins matando gente, fumando, bebiendo y demás”. Todo eso me estaba diciendo el Señor de las Bestias con la mirada.

Sigue la peli, y llega el momento en el que la chica que le gusta al protagonista, a la que no le gusta nada de nada la Navidad, se pone en modo confesión y quiere contar por qué odia la Navidad. Y empieza diciendo algo así como: “Estábamos esperando a mi padre para la cena de Nochebuena y se retrasaba…” Y ahí, a mí, que no tengo memoria alguna, que a duras penas recuerdo cómo me llamo, me viene toda esa historia a la cabeza y le apremio al Señor de las Bestias. “¡¡Coge el mando y pasa rápido esta escena!! ¡¡Corre!! ¡¡Ahora!! ¡¡Dale para delante!!” Él ve mi cara de pánico y tira para delante, parando de vez en cuando, dejando oír cosas como: “… escuchamos ruido en la chimenea… creíamos que era un gato…”, y yo: “¡¡Que la pases toda enteraaaa!!” El otro me miraba que no daba crédito. Y El Cachorro no paraba de preguntar que por qué y por qué.

¿Sabéis por qué? Porque la tipa contaba que su padre se retrasó porque se vistió de Papá Noel y se metió en la chimenea, y se quedó atascado, y lo encontraron unos días después moñeco. Algo así, porque lo pasamos rápido y no escuché cómo era la narración exactamente. O SEA, imaginad si El Cachorro llega a escuchar eso. ¡La habríamos cagado totalmente!

De verdad, no sé en qué pensaba cuando decidí que “Los Gremlins” era una buena idea. En mi descargo diré que no recordaba muy bien cómo era la peli. Pero al menos estuve rápida con lo de echar p’alante el momento crítico…

En fin, que os puedo asegurar que es película es DE MIEDO auténtico.


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