Gestión de recursos

Don Bimbas se hace entender la mar de bien. Cuando quiere algo determinado y no puede valerse por sí solo, recurre a mí (o a cualquier adulto que se encuentre en las inmediaciones), me agarra de la mano y me la dirige hacia lo que quiere que haga por él. Abrir un cajón (y me la pone en el tirador), soltarle las cinchas de la sillita o de la trona, coger algo que no está a su alcance…

niño

Es decir, las extremidades superiores de los demás son una extensión de las suyas. También para comer helado…

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Ahí, todo despanzurrado, en plan «trae acá p’acá». Y fijaos que ni se molesta en coger directamente el helado. Para qué, si tiene quien se lo sujete.

Es un gorrón profesional. Por la noche, trae el Señor de las Bestias un tupper con ensaladilla rusa con dos cucharillas para los dos (para él y para mí). Pero Don Bimbas, al que nadie le había dado vela en este entierro, se cosca, trepa al sofá, me arrebata una de las cucharillas de la mano (y mira que tiene fuerza, el canijo) y se pone a jalar.

Es más, si no atina cogiendo ensaladilla, pone su cucharilla en la mía, que está ya cargada, me roba el contenido, y se lo pimpla.

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Pocas bromas, con el muchachito. Con lo buena que estaba. Cría cuervos.


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