Frankenstein

Mi hijo lleva casi toda la semana malito. Descubrió que lo que hay dentro del cuello se llama garganta. Pero parece que, aunque retuvo el nombre, olvidó la localización.

Me escribe mi madre, que está con él y también anda pocha: “Estoy un poco fastidiada con el maldito antibiótico pero lo debo tomar porque me duele la garganta. A mí me duele de verdad y no como al nene que se señala la tripa”.

Me corrobora mi padre y el Señor de las Bestias que, en efecto, dice que le duele la garganta mientras se toca la barriga. Me mondo.

Hablando de barriga…

niño

… Qué tamañico ya, ¿eh? En mi caso es la barriga la que reparte los dolores por el resto del cuerpo. Yo sí que puedo decir, tocándomela, que tengo un ardor del diablo en mi esófago o que se me cansan las piernas o que no puedo respirar… ¡¡Todo por su culpaaaaaa!!


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