Falta de sueño

Las rabietas mañaneras de El Cachorro tienen una explicación. SE MUERE DE SUEÑO. Pero se muere total.

Claro, no duerme lo que debe y luego, cuando le despierta su padre para ir a la guarde, no quiere saber nada.

Lloros, forcejeos, rabietas, gritos… Y cuando por fin se va a ir, viene a mi cuarto donde yo sigo en la cama, que no dormida (imposible, con semejante estruendo), para despedirse, y el pobre empieza a trepar para quedarse ahí conmigo. “Cama, cama”, suplica el pobre. Ay, se me rompe el corazón.

Y luego el Señor de las Bestias me cuenta que va en el coche llorando diciendo que no, que Raquel no (en honor a la verdad, dice “Caqué no”). Raquel es su profesora, a la que quiere un montón. Raquel no y mamá sí, que es la que se ha quedado tiradaza en la cama mientras él madruga (volver del trabajo a las ocho de la noche tiene que tener alguna ventaja…: que entre a las diez).

Así que, cuando cae la noche, cualquier método para que se duerma es válido. Hoy paso por delante de su cuarto y escucho un musicón. Me lo encuentro con el móvil de su papá pegado a la cara.

Niño

 

“Pero… ¿y esto?” le pregunto al Señor de las Bestias. “Para que se duerma. Le gusta”. Ay, Dios, estamos generando a un futuro adolescente con el “loro” en el hombro, gorra de béisbol y que diga “hey, bro”.

En fin, el caso es que duerma, que ya os estoy contando últimamente las vicisitudes que pasamos al respecto. Y si se despierta y se pone a llorar en mitad de la noche, lo cogemos y nos lo llevamos a nuestra cama. Ya está. El objetivo es que durmamos los tres.


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