Esperanza en las natillas

Esto de introducirle a Don Bimbas la alimentación complementaria es un calvario. No hay forma humana. Con suerte chupa un trocito de pan, pero un lametón y no más. Escupe la leche de fórmula (y la mía, si no sale de mi pezón), aborrece la papilla de cereales, detesta la papilla de frutas… Termina con más comida en su cara que en su estómago.

niño

Es más, como descubre que cuando protesta y llora, le cascamos una cucharada de algo (ya, ya sé que no hay que forzar y bla, bla, bla), ha desarrollado la técnica de llorar con la boca cerrada.

niño

¡Pero ha aparecido un rayo de luz en el horizonte! Estaba tomando yo, en mi línea, unas natillas de caramelo, y se me ocurre acercarle la cuchara… ¡Pues, oye, bien que ha abierto la boquilla, ha probado, y ha repetido! (Ya, ya sé que no se le puede dar yogur ni azúcar, ni mucho menos esa bomba de caramelo que me meto yo entre pecho y espalda, y bla, bla, bla).

Entonces se me ocurre pringarle la tetina del biberón con la natilla.

niño

Hago muchas cosas mal. Ya, ya sé. Y ni por esas.

niño

Ojo al morrillo. Y eso que es agua. ¿¿Entendéis mi desesperación??

El agua se la bebe con jeringuilla. Pero lo que no habíamos probado era… ¡la pistola de agua! ¿No va el tío, la siente en el morrillo, y en vez de apretarlo abre la boca y se pone a beber?

niño

Luego el padre se divierte disparándole. Y él encantado. Ahora toca rellenar la pistola con puré de verduras, a ver qué tal.


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