¿Es tan difícil ser normal?

Tengo unos hijos bien distintos. Tanto físicamente, como en cuestión de carácter.

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Véase como ejemplo gráfico al uno intentando adornar la montaña de arena con una conchita y a mini Godzilla queriéndola destrozar con un pedrusco.

¿Cómo serán de mayores? ¿Permanecerá esta forma de ser? ¿Quién me dará más quebraderos de cabeza?

No soy la única que se hace estas preguntas. Por la noche vamos a un restaurante y El Cachorro, como si oyera cantos de sirena, nada más entrar sale disparado hacia las máquinas tragaperras.

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– Vamos a tener a un ludópata. – Me advierte el Señor de las Bestias.
– Ay, qué será de ellos más adelante. Me da tanto miedo… – Y es que me da. Mucho. Y no por las tragaperras precisamente.
– ¿Tan difícil es ser normal? – Me plantea su padre.

No sé. ¿Tan difícil es no caer en las drogas, en las sociopatías, en no dejar a nadie preñada, en no suspender todo, en no echarse a perder? Porque a la orden del día. Tiemblo.


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