Entre la nostalgia y la realidad

Ay, madre. He hecho una videollamada con mi Bimbín y casi muero. El otro día también me lo soltó una vez, pero yo creía que de forma casual, por decir algo. Pero hoy, por dos veces, me pregunta: “¿Cuándo me recoges?”, con su vocecita… AAAAAAAAAAAAAAYYYYYY. Es que estoy por irme a Estartit a por él andando.

Claro, me deja con el corazón un tanto estrujado.

– Cariño, ¿pero lo estás pasando bien?
– Sí, pero quiero estar contigo.

Esos: “¿Vienes a por mí?” y “quiero estar contigo” se clavan como saetas directamente en el centro de mi pecho. ¡Mi pequeñito!

Él está ahí encantado. Se lo está pasando en grande. Disfruta un montón. Pero, jo, es que son muchos días. Y echa de menos a su mami.

Yo le doy más palique y le hago un truco con la mano que le encanta ver. Luego me pregunta otra cosa y, de repente, cuando estoy contestando, en medio, coge y salta: “¡Adióstequieromuá!” Jaaajajajajjaa. De buenas a primeras, hablar con su mami que tanto echa de menos, ya se le hace pesado. Zanja la conversación por la vía rápida.

Lo que ya le da reparo hacer, es colgar primero. “Mami, cuelga tú”, me pide. Somos un par de enamorados.

No obstante, al día siguiente le dejo una nota de voz. “¡Buenos días, cariño! Hoy tienes por delante un día fabuloso, qué suerte, ¿qué vas hacer? Primero a la playa… luego a la pisci… jo, qué guay. Anda que no estás mejor allí que aquí, que mamá trabaja y estarías en casa con una cuidadora. Sin embargo, cuando vuelvas, yo ya no tendré trabajo y nos vamos todos juntos de vacaciones”.

Y me cuentan esto:

madre 8 (1)

Y que ha debido decir algo así como: “Estoy mejor aquí en la playa que allí”. ¡Un triunfo!

Ahora, cuento las horas para que me devuelvan a mi muñeco y lo pueda estrujar como es debido.


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