El que faltaba

En medio de la noche, mi niño, el que adora a su padre, se ha venido a dormir conmigo (el Señor de las Bestias lo hace en el sofá del salón, bajo el chorro del aire acondicionado). Al día siguiente viene el padre al cuarto y se encuentra a El Cachorro conmigo.

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– ¿Por qué has venido a dormir con mamá?
– Porque tenía sueños raros, y como no está Pablo…
– ¿Pablo te protege?
– No, si viene un monstruo se lo come a él primero.

La cama de Don Bimbas está más cerca de la puerta que la de El Cachorro. Y Don Bimbas llega de sus vacaciones hoy…

“¿Cuándo viene Pablo?”, es la pregunta que continuamente me hace El Cachorro. Él lo hizo ayer y vino con un regalo para su hermano pequeño. No ve la hora de entregárselo. Cuando le digo que viene en media hora, se va corriendo a envolver el regalo. ¡Qué ilusión tiene!

– Espero que se lleve una gran sorpresa y que me dé las gracias.

Se muere por dárselo. Pero se muere total. Y yo, en cambio, tengo un presentimiento…

En cualquier caso, él prepara toda la parafernalia. Aquí, escribiendo con la izquierda.

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Que desde que se ha enterado de que es ambidiestro…

Cuando por fin llega Don Bimbas, como El Cachorro le hace jugar a frio y caliente y él no sabe muy bien cómo va el asunto, al poco se enfada.

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Y, claro, como cuando lo encuentra está todavía con los resquicios del mosqueo, no se muestra lo suficientemente agradecido con su hermano.

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Y El Cachorro se lleva un chasco. Tengo que pillar al canijo y decirle que le dé un abrazo a su hermano y las gracias como es debido.

La bondad no tiene recompensa…

Luego, vemos los tesoritos con los que ha vuelto el peque. Y con razón tampoco ha hecho muchos aspavientos al presente de su hermano… ¡viene cargado de cosas!

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El mayor se contraría porque dice que él no ha tenido tantos regalos.

Jo, no es justo para El Cachorro, no.


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