El Príncipe destronado

En mi línea, me levanto tardísimo y mis hijos sin desayunar. Los fines de semana soy una #malamadre como la copa de un pino. Ellos ya saben que se me pegan las sábanas y les voy a mandar a freír espárragos si vienen a despertarme. Oye, además no son mancos. Saben dónde están las cosas. Igual freír espárragos no pueden, pero sí coger galletas o cereales, y servirse la leche. No sé por qué me tienen que dar a mí la tabarra.

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Total que, cuando al fin me levanto, viene a por mí, por decimotercera vez en la mañana, Don Bimbas: “Tengo hambre”. Pero yo me pongo a darle la papilla al pichón que me he visto obligada a adoptar. Y Don Bimbas: “Tengo hambre”.

– Espera.
– ¡Tengo hambreeeeeee!
– ¡Cariño, espera, primero le tengo que dar de comer al pollo!

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Y salta el canijo, todo rebotado.

– ¡¡No quiero tené mascotas!!

Ah, mi príncipe destronado…


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