El horror

Oigo despertar al nene de su siesta y acudo presta a su habitación. Qué gusto da ir sabiendo que al abrir la puerta te vas a topar con ese aroma de nene dormido y, en efecto, abrir la puerta y percibCOÑOOOOOOOO, ¿¡QUÉ PESTE ES ESTA?! ¡¡LAMADREDELCORDERO!! ¡¡¡ES EL OLOR DEL INFIERNO!!!

Un PUEJ con mayúsculas. Y cuando abro la persiana, me encuentro con el dantesco espectáculo. ¡¡¡ESTÁ TODO CAGAO!!!

cuna

Un montón de caca repartida por toda la cuna. El nene, sentadico, aparta la almohada para señalarme una cagarruta de todo el mierdón que se le ha escapado del pañal. Más mooooooono. (Sí, logro pensar lo mono que es a pesar de la asquerosidad reinante).

¡¡ME CAGO YO EN LOS FABRICANTES DE PAÑALES QUE DICEN QUE “HASTA 12 HORAS SECO” Y “SIN ESCAPES” Y ME VOY A PLANTAR EN SUS OFICINAS Y LOS VOY A ENCERRAR AHÍ CON ESTA SÁBANA QUE LES VOY A PONER DE SOMBRERO!!

Cojo la cuna entera (dejo los maderos, más que todo porque no caben en la lavadora) y la echo a lavar. Acto seguido agarro a El Cachorro y le quito el pañal. No os queráis imaginar con lo que me topo. REPUAJ. Y lo meto en la ducha, intentando eliminar de él, del baño, de su cuarto, de la casa… el nauseabundo olor reinante. Estoy por llamar a un desinfectador profesional. Lo pienso, mientras intento contener el desayuno en mi estómago…

ropa

“Sé madre”, dicen, “son todo satisfacciones”. Hombre, todo, lo que se dice todo…

Y menos mal que estoy en paro y puedo dedicarme a poner lavadoras y bañar al enano, porque te encuentras este pastel con el tiempo justo para llegar al trabajo, y te cuento yo la alegría por bulerías que te entra.


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