El castillo encantado

Me enseña El Cachorro su último dibujo. Con sus zombis, su araña y su tela de araña, su fantasma, sus tumbas, su calabaza…

madre 30 (1)

Me megapriva. Fijaos en los zombis, por favor, qué conseguidos. Porque hay que tener arte para saber reflejar un zombi con un simple monigote. A El Cachorro esto de dibujar se le da de MIEDO (lo pilláis, ¿no?)

Por supuesto, luego viene LA PREGUNTA. “Mamá, ¿los zombis reviven?”

madre 30 (2)

Oooootra vez. Madre mía qué obsesión con los zombis. Desde luego que, para mí, sí, cada día. Porque cada día me hace la misma pregunta, que si reviven los zombis.

El peque, por su parte, también se lanza a “dibujar”. Ahí está, afanándose con el rotulador.

madre 30 (3)

Y no sé si es que hoy ha sido la primera vez o siempre es así y no me había fijado. Pero mirad cómo se le ocurre cogerlo. Raro, ¿no?

Lo observo otro día. Sí, es su manera de coger la pintura. Cómo se aplica. Se y se esfuerza tanto que de verdad me creo que va a hacer alguna proeza, pintar una réplica de la Capilla Sixtina o algo, pero niet, un rayajito de nada…

madre 30

Decepción total. Muy aplicado, pero el resultado deja mucho que desear.  Aunque esa actitud promete mucho. Confiemos.

 


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