El apostón

Tiene El Cachorro la costumbre de asignar adjetivos calificativos al personal en concordancia a las acciones que ve que realiza o de las que es objeto de su parte. Así, el que pega es pegón y el que grita gritón y el que llora llorón. Hasta aquí todo correcto.

Están él y Don Bombas jugando con el parking. Don Bimbas pasa de las rampas, en su línea, y precipita los coches desde el último piso para que se estrellen contra el suelo. No le puede gustar más ese juego. El Cachorro se indigna: «Lo has hecho aposta. ¡Eres un… apostón!» Jaaajajjajaa.

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Más tarde coge El Cachorro un juguete, se lo cambia Don Bimbas por otro: “¡Jolines, qué cambión es!”

Me recontrachifla esta tendencia que tiene de sustantivar todas las acciones que se producen a su alrededor.

Y que por muy cambión y apostón que sea su hermano pequeño, lo quiera luego tanto…

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Él sí que es un quierón.


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