El amor

Me parto con El Cachorro. Cada día, CA-DA-DÍ-A que lo dejo en la fila del cole, me grita cuando me alejo…: “¡Mamá, te quierooo! ¡Te quiero!” Y protagonizamos una escena tremenda. Yo le contesto: “¡Y yo máááss!” Y él me dice: “¡Y dile a papá que le quiero, llámale y se lo dices!” Y yo: “¡Valeee!”

Le importa tres pitos y medio estar rodeado de gente, de adultos y de compañeros del cole y de clase. Pero tres pitos y medio. Cuando los críos, normalmente, se inhiben a la hora de dar estas muestras de cariño públicamente…

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Me alucina mi hijo. Le da vergüenza prácticamente todo. Preguntar a niños si puede jugar con ellos, contrariar a un amigo aun cuando ese amigo esté portándose mal con él, hablar con un profesor… Pero a la hora de decirme que me quiere… a grito pelao, todos los días al entrar en el cole.

Pero hoy la cosa ha ido incluso más allá. Me he presentado en su clase para enseñar a los críos unas mariposas muy especiales. Y, al irme, tres cuartos de lo mismo. Todos sentados y en silencio y él: “¡Te quiero!”

Es único.

Ah, y bendita la hora en la que he ido. Justo ayer me decía que le cambiaron de sitio en el comedor (por culpa de su amiguito, que es un manipulador nato, le hace mil judiadas y consigue que le castiguen a él – esto me pasaba a mí también con una “mejor amiga” que tenía –) y le pusieron con unas niñas de su clase. Pues las criaturas, le amenazaron haciendo el gesto de cortarle el cuello con el dedo, y le prohibieron hablar, cantar y contar nada. Unos angelitos. Pues bien, la actitud de una de las más chungas ha cambiado radicalmente hoy, después de mi paso por su clase. Claro, soy una madre que mola. Llevo animalitos y salgo en la tele (una de las compañeras ya lo soltó en medio de clase: “¡Te veo en la tele!”)

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Así que esa niñata estaba hoy con mi hijo como la seda. ¿Tú te crees?


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