Dónde está la garantía

Aquí un padre sorprendiéndose del rosario de heridas que tiene su hijo en la pierna.

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“Yo te hice unas piernas nuevas ¡y mira cómo las tienes!”, le echa en cara. “¿No te puedes cuidar un poquito más?”

Es verdad que anda el peque espectacularmente dañado. Tiene demasiados rasguños, muchos rasponazos, gran cantidad de moratones, tremendos golpes, chichones, heridas, cicatrices, pellejos… Él a las postillas les llama “cortezas”, jajaja. Mira, hasta le encuentro sentido. A este paso le va a salir corteza por todo el cuerpo.

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(Aquí, mostrándome una de sus “cortezas” en el dedo. “Ya se la he enseñado a Leo” -su amiguito del cole-, me dice).

Y el Señor de las Bestias, que últimamente tiene mucho trabajo y para poco por casa, con lo que no es testigo de la cantidad de veces que se toña, ahora el tema le pilla de sorpresa.

Su indignación la comparto. Jopé, nos hemos esforzado trayendo al mundo a un tipo muy mono, un muñeco, un querubín, para que ahora él mismo se autolesione estropeándose tanto a sí mismo. Le deberíamos reclamar daños y perjuicios.

Bueno, igual mejor nos callamos, porque también nos ocurre que, estando en un restaurante terminando de comer, El Cachorro, el chocolatero numer one, pide su postre favorito, que es el volcán. Don Bimbas, que hace todo lo que hace su hermano mayor, también lo pide. Lo sirven. Mete la cuchara, sale el chocolate caliente derretido y dice: “Esto arde como la moto”.

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Ja, ja, ja. Menudo trauma le quedó al pobre de cuando se quemó con mi Harley hace poco más de un año (¿os acordáis, cuando su padre lo montó el día que nos íbamos de vacaciones, y se quemó en el tobillo cosa mala?). Así que si no se hace él daño a sí mismo, ya se lo hacemos nosotros.

Ahora, como veis, utiliza la moto como medida de calor.


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