Don Bimbas es un espabilado

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Sip. Hace lo que quiere, como quiere y cuando quiere. Y nos tiene sometidos. Por ejemplo, muchas veces para él somos asientos.

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Lo hace con su hermano y con sus padres. No respeta edad ni tamaños. Nunca pensé que resultábamos tan cómodos.

¿Y qué decir de El Cachorro? Que es un bendito. Y cada vez que veo que deja que su hermanito abuse de él, pero sobre todo cada vez que los veo jugar de igual a igual, pienso en lo acertada que estuve empeñándome en tener otro hijo. Es una gozada.

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Y aunque se lleven tres años, se van entendiendo a la perfección.

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Hoy toca carrera de coches por el pasillo. Pero Don Bimbas ya se ha percatado de que no puede ganar a su hermano, con lo que cuando vuelven al punto de salida, que es su habitación, él ni entra, se da la vuelta, e intenta coger ventaja…

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… aunque de poco le sirve, porque enseguida su hermano mayor le toma la delantera. Que va a una verga, todo sea dicho, que da hasta miedo. Sobre todo cuando choca el coche en la pared y se desconcha. Ahí sus juegos me dejan de hacer tanta gracia.

Luego llega la hora de la cena, y el pequeñito siempre acaba echando el ojo al postre de su hermano. Solicita un poco, y lo hace levantando la manita, abriéndola y cerrándola y diciendo “mamám”, “mamám”.

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Y el mayor, solícito, lo da.

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Pasa con el yogur, las fresas… Y cuando se cansa del postre-que-no-es-suyo, vuelve al pescado que estaba comiendo. O sea, prefiere pillar las fresas antes de que se las ventile El Cachorro y luego ya, si eso, y como ha salido a mí, que lo de las mezclas de comida nos la trae al pairo, vuelve a lo suyo.

Lo dicho, Don Bimbas hace y deshace a su antojo. Se las apaña. Espabilator, un rato.


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