DIARIO DE UNA MAMÁ. Cap 48. Niño trampa y miedito

Tengo miedo. No sé si me he metido en un berenjenal. Lo busqué yo. Me empeñé. Quería otro niño. Pero puede que haya tentado la suerte. Ya me da la impresión de que este embarazo, que está siendo más guerrero que mi primero (con náuseas, bajones de tensión, agotamiento extremo, pinchazos…), no es más que un anuncio de lo que me espera. Cla, cla, cla.

niño

Sí, las cosas apuntan a que van a ser distintas. Y el Señor de las Bestias y yo no estamos preparados para tener un bebé. No sabemos lo que es eso. El Cachorro ha dejado el listón muy alto. Siempre ha dormido de cine, jamás ha tenido un cólico, no ha dado problemas para comer, apenas se ha puesto enfermo, todo lo ha aprendido a la primera (comer con cubiertos, hacer pis y caca en el orinal, desprenderse del chupete…) En efecto, el típico “niño trampa”. Pero trampa trampísima. Y como ahora tengamos un bebé de verdad, nos vamos a enterar.

niño

Y, claro, eso puede no ayudar a que lo quiera igual que a mi primer hijo, ¿no? ¡Que yo si no duermo mis horas me canso mucho, que estoy ya mayor! ¡Que no tengo paciencia para según qué cosas, como para atender a un crío que no quiere comer, o que no obedece! Ay, madre. Y como tengo con quién comparar… Uff.

Pero, incluso aunque me salga otro bendito… en serio, ¿lo voy a querer tanto como a El Cachorro? Es que a mi primogénito lo quiero… ¡¡muchísimo!! Más que a mi vida, más que… bueno, qué os voy a contar a los que sois padres sobre lo que se le quiere a un hijo. Pero me pregunto, ¿me puede quedar más amor que dar? ¿Lo puedo repartir? No es coña. Me parece imposible. Y así como he leído blogs de embarazadas que dicen que ya quieren al que viene en cuanto lo ven en la eco, o en cuanto les da su primera patada… yo no voy a decir que no lo quiera, pero sí que aunque lo lleve dentro, de esa sensación de vida en mi interior (y será porque no se hace de notar, el tipo…) no soy tan consciente. Me pasó también con El Cachorro. Embarazarme lo vivo más como algo inusual y divertido que me pasa a mí, que como una experiencia compartida con otro ser humano. Hablo y vivo mis cambios o de cómo me afecta lo que se produce en mi interior, pero lo que pueda ser o sentir el ejecutor de todo ello, me es más ajeno. No sé por qué. ¿Egocentrismo? Ni idea, pero así es. Y en mi casa lo de hablarle a la barriga no se estila mucho. Mucho menos ponerle auriculares con música clásica. Aunque sí le pido a El Cachorro que le dé un besito, pero no sé si lo hago más por él, para que vaya siendo consciente de que va a tener competencia, que por el pasajero, para que se sienta así de querido por su hermano mayor desde antes de que asome, o incluso por mí, para que me vaya haciendo a la idea de que voy a ser bimadre. Así que hasta que no nazca y no lo tenga en mis brazos, siendo ya un ser independiente, me temo que no sabré cuánto lo puedo querer.

Aún en el caso de que a ambos los quiera igual… ¿Existen hijos favoritos? Mis padres dicen que no, y si dicen eso de que a mi hermano mimado y a mí nos han tratado y querido de igual manera, será verdad. 😛


Deja un comentario *
* Tienes que pertenecer al Club Cosmo para poder hacer comentarios