DIARIO DE UNA EMBARAZADA. Cap 26. Todo crece

De las consecuencias de mi anterior embarazo no me importa la cicatriz de la cesárea. Sí que se me haya quedado el ombligo a punto de hacer balconing. Así, como asomao.

Y, claro, ahora que partimos de un ombligo deformado, y hoy por hoy tiene esta pinta…

Niño

… como de más peligroso que el botón rojo, ¿cómo me quedará después de parir? ¿Cómo un globo? ¿Abultará más que yo? ¿O se acabará desprendiendo de mí y teniendo vida propia, formando su propia familia, con unos cuantos ombliguitos? Ay, qué desazón.

Niño

Por lo demás, ya sabéis que mi tripa hizo “blop” y creció en el minuto uno. Pues bien, afortunadamente me he estancado. Más vale. Andaba todo el mundo impresionado. Y yo asustada. Pensaba que si seguía con ese ritmo, a las 22 semanas iba a estar hecha un cachalote gestando cuatrillizos. Pero no, ha habido parón y ahora mi tripa de 22 semanas puede corresponder a una tripa de 22 semanas. Respiro.

Y parece que los hermanos tienen los mismos gustos. Ambos quieren estar a cubierto. Cada vez que mi chico sale del agua, se tumba en la toalla que he dejado convenientemente estirada al solazo (a su gusto) y me pide que lo envuelva. “Azí, mamá”, y eso implica de un lado, del otro, y “aquí, mamá”, por la cabeza. Este es el resultado: un wrap de Cachorro.

Niño


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