A destiempo

Siempre llego tarde con todo.

Cuando mi niño ya se ha hecho a la casa, a moverse, a manejarse, a pisarla y gatearla, lo cual ha conllevado que yo esté siempre ojo avizor y suspirando por un parque, llega el dichoso parque a casa, y mi nene dice que vale, que bien para cinco minutos, pero que luego qué es eso de que lo tenga en esa celda, que lo saque pero ya.

Cuando ya hace tiempo que se levanta solito y ha cogido el tranquillo de agarrar un dedo y llevar de paseo al adulto dueño del dedo, le cae un andador. Y dice que para andar nada como un buen dedo, y que le den al andador.

Cuando come de todo y le vale cualquier cubierto o recipiente que transporte comida, aunque (o sobre todo que) no sea infantil, cojo y le compro un masticador de fruta de esos con redecilla, y ha hecho ¡puaj! medio segundo después de metérselo en la boca. Adiós mordedor.

Nada, eso, que llego tarde. Que no sé por qué me empeño en ser una madre moderna cuando me va más ser una madre antigua.

Y a mi hijo, está claro: mariconadas las justas.

¡Pero he decidido adelantarme con algo! Voy a ser la primera que le plante, y antes de que lo haga nadie, una corbata. Como me llamo Amaya.

Niño vestido


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