Cuando se me olvida que mi hijo es un niño

Se me olvida cuando le digo a El Cachorro “acompáñame un segundo aquí cerca a recoger una cosa”, que de un segundo nada. Es un segundo detrás de otro, y de otro, y de otro… Para recorrer 200 m de ida y lógicamente los mismos de vuelta, tardamos una hora. ¡UNA HORA! Que si quiero el coche rojo. Que si me subo por ahí. Que si voy a pedo burra. Que si quiero agua. Que me sujetes el coche rojo. Que ahora el bocata. Se me cae al suelo. Quiero agua. Quiero mi coche rojo. Dame el bocata. Quiero agua. Bocata. Coche rojo a guardar. Se me cae de nuevo el bocata al suelo. Quiero saltar el escalón. Quiero eto (de un escaparate de los chinos). Lloriqueo. ¡El cocheeee!

Como para una urgencia

niño

Pero me refería a otra cosa. Se me olvida que mi hijo es un niño cuando le intento hablar en términos de temporalidad. “¿Quieres ver a la tata PASADO MAÑANA?” “¡Zí!”, me contesta. Y acto seguido me pide estar con la tata. “Pero ahora no, cariño, mañana tampoco que tienes cole, pasado”. “¡Noooooooooo, quiero con la tataaaa!” Yassssstamos. Y se para en la calle a reclamar a su tata.

No contenta con haberle mencionado algo que sé que lo quiere y le gusta DOS DÍAS ANTES de que pueda verlo o tenerlo, que yo también me las traigo, cojo y le salto: “¡Con la tata ahora no se puede, hijo, no está, ¿qué quieres, ¡¿que LA PINTE?!?”

… ¿Qué me iba a contestar más que que ZÍ?

Nota para el futuro: No subestimes el sentido de la lógica ni el poder de la imaginación de un niño.

Súper nota para el futuro: Ah, y tu hijo es un niño, ¡un niño!, pedorra.


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