Consejos vendo…

La hija de una vecina, en la piscina (toma pareado) se ha cogido una rabieta que su madre ha dicho: “Vaya adolescencia me espera”. Entonces yo he pensado en mi Don Bimbas y su fortísimo carácter, su cabezonería, sus enfados, en sus gritos y en lo que pasa de los míos cuando se los dirijo a él, y he caído en la cuenta de que llevo sufriendo su adolescencia desde que tenía 6 meses, y que eso que me estoy quitando.

O, si es que la repite, al menos no me pilla con el pie cambiado…

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En cualquier caso, hablaba de rabietas, ¿verdad? Pues os cuento que, ni una semana después, volvemos a coincidir en la piscina la vecina, su hija, mis hijos y yo, a mediodía…

Me consulta mi vecina que si les dejamos bañar a los críos. Ella tiene a una niña unos meses menor que Don Bimbas pero igual de espabilada o más. La piscina está cerrada. Yo le digo que solo se puede bañar El Cachorro, porque Don Bimbas está castigado sin bañar. En un principio lo había castigado sin bajar a la piscina directamente, pero luego lo he pensado mejor y le he dicho: “Mira, mejor dicho, yo no me pienso jorobar por ti, y quiero bajar a la piscina, así que cambio el castigo y vamos a bajar a la piscina, pero tú no te vas a bañar”.

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Total, que mi amiga que oye lo del castigo, va y me suelta: “Tú sabes que a estas edades funciona mejor el premio que el castigo, ¿verdad?” Así, con un tonito como de no tienes mucha idea de educar a niños.

Y en ese momento, EN ESE MOMENTO, su hija única coge y empieza a dar por saco de manera sideral. Se sienta en la silla de piscina de su madre cuando estábamos ambas tomando una cerveza, dice que no se levanta, se revuelve y patalea, llama tonta a su madre e incluso le pega. Y yo, fumándome un cigarro imaginario (porque ya no fumo), tomándome mi cerveza y disfrutando del espectáculo en primera fila. Y, claro, como la pobre me acababa de aleccionar diciéndome lo del premio, por mucho que le dijera a su hija: “como sigas así me voy a enfadar”, la hija la tomaba por el pito del sereno y no bajaba ni un ápice la intensidad de su cabezonería y porculismo y ella no se enfadaba ni para atrás, porque lo siguiente era calzarle un tortazo de aquí te espero, tal era la chulería de la cría.

Yo ahí me he tenido que morder la lengua. Le iba a soltar: “Venga, dale un premio, ¿no?”, pero me arriesgaba muy, pero que muy mucho, a que me soltara a mí un bofetón que se iba a escuchar en Ciudad Rodrigo. He sido buena vecina (y cobarde) y con las ganas me he quedado.

Así que ella no ha tenido otra opción que coger a su cría que gritaba y lloraba y gritaba y lloraba, y largarse a casa farfullando que es que, claro, a esas horas siempre su hija estaba cansada y cuando un niño está cansado le da por ponerse insoportable. Ajá…

Yo ya hay varias veces que he visto a esa niña “cansada”, y quizá soy menos comprensiva y más mala madre, con cero de sensibilidad pedagógica y proclive a causarles un trauma a mis hijos, pero a mí me desobedecen y me llaman tonta y me sacuden un tortazo, y no tienen planeta para correr.

P.D. A ver, estoy de acuerdo en que yo hago aguas en algunos aspectos de cómo educo a mis hijos y me gustaría cambiar algunas cosas y metodologías. Y seguro que hay otras maneras de educar más efectivas que las mías. Ahora, si yo, en este caso, viera que la que aplica mi vecina, funciona, de mil amores la llevaría a cabo. Pero, qué queréis que os diga, lo que veo, hoy y el resto de días, no me convence. Ni una pizca.


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