¡Coche va!

En teoría la gracia de tener un parking es la de deslizar los cochecitos por las rampas. A mí eso es lo que me mola. Y si yo no soy un ejemplo válido, por vieja pelleja, he de destacar que a El Cachorro también le gusta que los cochecitos vayan por las rampas (aunque, ahora que lo pienso, hace tiempo que no hace caso al armatoste ese).

 

Peeeeero, a Don Bimbas le entusiasma utilizar dicho parking de otra manera. Le quita las rampas y se pone de pie al lado con los tres cubos de cochecitos que hay en la casa. De uno en uno, los coloca en el piso de arriba y… ¡los lanza al vacío para que se estampen! ¡PUM! ¡PAM! Así, uno detrás del otro. Guarrazo tras guarrazo contra el suelo. ¡Le priva! Poco a poco, en los aledaños del parking, se van acumulando los coches, descacharrados.

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Descacharrados algunos de verdad, como se puede observar. No aguantan los envites del pequeño bestiajo. Nuestro parque móvil está sufriendo innumerables bajas.

 

¿Qué le verá a este juego? ¿Le divertirá de verdad o será por el simple placer de perpetrar el mal? Viendo esta foto…

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La segunda opción me la planteo bastante, porque si la cara es el espejo del alma, él no puede con la suya de pillastre.

 

(Esta foto me priva. Lo describe completamente).

 


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