Gran embajador

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Me dicen esto de Don Bimbas y se me pone el pecho palomo.

Qué rico es. Y es verdad. Yo te dejo a mi niño y caes rendida a sus pies… pero con razón. No solo por su comprobado carisma. Sino porque se porta así. Es IDEAL.

Los enfados se los guarda para su mamá. Menos mal que los eructos los comparte…

Sola en la carretera

Voy de viaje en coche. Y voy sola. Se me hace raro porque, normalmente, de hace unos años hasta ahora, suelo ir acompañada. De mis niños. Pero se da la circunstancia de que hoy la familia está dispersa. Papá, en Madrid, mamá en Pamplona, El Cachorro en Lanzarote…

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… y Don Bimbas en Estartit.

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Descentralización familiar, que se llama.

Voy en el coche como con vacío. Qué curioso, ¿no?, antes de ser madre mi vida era completa, y ahora me doy cuenta de que ni mucho menos soy yo sola, que no me basto, que mi vida son ellos…

Pasajero menor con ganas de volar

Hoy El Cachorro viaja por primera vez solo en avión. Con siete añitos que tiene.

Esto surgió porque, como hace dos meses, mi vecina consuegra me pidió a Don Bimbas para llevárselo una semana de vacaciones a la playa con ella y su hija. Y accedí.

Pero El Cachorro ya empezó a mosquearse, un poco en plan “¿y yo?” Así que a su padre y a mí se nos ocurrió preguntar a su tía, que vive en Lanzarote y ya se ofreció en su día, si le invitaba esa misma semana a estar con sus adorados primos mayores.

Y aquí estamos, en el aeropuerto. ¡Y no las tenía todas conmigo…! A pesar de que, antes de comprar el billete, le explicamos cómo iba a ser todo y le dijimos que si no lo acababa de ver, que lo dijera, porque no era obligatorio que fuera a Lanzarote, pero que si decidía que sí, iría, porque el billete costaba una pasta, antes de ayer me vino con que oye, que no, que he decidido que no quiero ir, que me da miedo.

Madreeee.

Pero no era algo que me pillara de sorpresa, la verdad. No obstante, revertimos la situación.

En cualquier caso, anda que como tenga la mitad de miedo que el que tengo yo… El día que compramos el billete, os recuerdo que no podía dormir imaginándolo solico en un asiento, y de repente el avión a punto de estrellarse, y él muriendo abandonado, sin su mamá. Sí, soy así de agradable conmigo misma. Madre qué llorera.

Y, lejos de sugestiones enfermizas por mi parte, igualmente me daba congoja su viaje. No quería que lo pasara mal, quería que lo disfrutara y que no lo temiera.

Una vez en facturación, aún estaba el pobre diciendo que le daba miedo. Por suerte, me dan la posibilidad de entrar con él hasta la puerta de embarque. Ole.

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Así que lo acompaño, le voy contando curiosidades del aeropuerto, le hago fijarse en cosas, le hago encontrar la puerta que le toca, la K82… hasta que es él quien me dice: “No, al baño no, mamá, que llegamos tarde”, todo responsable.

Y ahí nos espera un señor que es quien se encarga de meterlo dentro del avión. La suerte es que nos da tiempo a interactuar con él, para que mi hijo vea que le doy el visto bueno y que a mí me parece tan majo como a él.

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Y me toca despedir a mi niño. Lo veo alejarse, conforme.

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Y el nudo de mi garganta se acaba de soltar…

“Cuando nadie me ve”

Cuenta El Cachorro que no les dice a sus amigos su truco para correr mucho, porque resulta que tiene un truco. Muero por saberlo. Pero observa también, qué curioso, que cuando está con ellos corre menos que cuando no está con ellos.

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Fíjate la casualidad.

Cuando su hermano cuenta algo, Don Bimbas lo secunda y apostilla, aportando su propia experiencia: “Pues yo…” Y no hace falta que se ajuste a la realidad. “Cuando estoy con Sofía me gana Sofía, pero cuando no estoy con Sofía soy más rápido”.

Sofía jamás le gana corriendo. Pero a él le tiene que pasar lo mismo que a su hermano, y punto.

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Y eso de que sean más rápidos solos que acompañados, que batan marcas en solitario y resulta que no cuando hay competidores… ¿qué me decís? Je, je, je, je. Qué grandes.

Soy una reina, y no lo digo yo…

Don Bimbas a veces me dice, y creo que ya lo he plasmado aquí, atención, que soy una reina. “Mamá, eres la más guapa, una reina”.

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¡Una reina! ¿No es como muy de mayor, de señor donjuanesco? ¿Como muy de amigo que te quiere? ¿Como muy de Chueca? ¿Como muy de admirador? En cualquier caso… ¿no como de un niño de cuatro años?

De verdad, no sé de dónde ha sacado eso, pero me tiene ABSOLUTAMENTE fascinada. Que mi pequeñín me llame reina… madre mía, toco el cielo.

Periscopio

Bien, le hemos comprado a El Cachorro una funda de agua para su dedo vendado. Pues, a pesar de que le he dicho que se meta en la piscina donde no cubre y con el brazo en alto, él se ha empeñado en nadar.

Por más que le he gritado que volviera donde debía, y no sé si haciéndose el sordo o no oyéndome por tener las orejas bajo el agua, al final se ha terminado cascando el largo de esta guisa.

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Parece el periscopio de un submarino.

Porque es navarro, y cuando un navarro dice que puede, puede. ¡Pues ya tiene mérito!

Y lo alimenta. Quince días más tarde (qué gran ventaja esto de publicar lo ocurrido hace un año, que puedo adelantar información… o hacer spoilers), echo una carrera con él a braza, yo con mis dos brazos operativos… ¡¡y me gana!! ¡Me gana con solo un brazo! Un crack cómo va de rápido. Asombra a propios y extraños. Simon Phelps.

Ambidiestro a la fuerza

Hoy es el último día de Mayra, la chica que tengo en casa trabajando. Se va todo el verano, hasta septiembre. Les digo a los niños que le hagan un dibujo. Y se ponen raudos.

No se me escapa que El Cachorro no protesta. En teoría, él no puede dibujar porque está con la mano a la virulé. Pero ahí que va.

Al poco, viene con su hoja: “¡Mamá, soy ambidiestro!”

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Lo ha dibujado con la izquierda.

Vuelve a venir:

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¡Y ha escrito su nombre con la izquierda!

Pues va a ser que sí, que lo es. Le ha brotado una nueva virtud.

Sobre acusar con pruebas y sobre rebobinar castigos

“¡Ya estamos con el “Echaculpas”!”, se queja El Cachorro de su hermano. Don Bimbas le está acusando de romperle un palito. Y él lo niega.

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Así que, acto seguido, él dice: “Pablito me ha pisadoooo”. Don Bimbas: “Nooooooo, nooooo”, y El Cachorro: “¿Ves, cómo no hay que decir cosas sin pruebas?”

Qué didáctico. Qué gran fiscal se está fraguando.

Tampoco se le da mal inventar alias. “Echaculpas”, dice.

Bueno, el caso es que, por hache o por be, nuestros días transcurren con tres o cuatro enfados como mínimo, que se reparten entre mis dos chilindrines.

Ahora le toca a El Cachorro. Desaparece de mi vista, indignado.

Al poco…

– ¡¡¡Mamá, mamá, abre!!! – lo oigo desde el salón.

Cuando me asomo, está asomado a la ventana… desde fuera.

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– Qué haces ahí?
– Me he encerrado para no estar con vosotros y ahora quiero hacer pis.

Si es que… hay que conservar fría la cabeza en los enfados, para sopesar los pros y contras de lo que se hace en caliente…

Sobre gustos…

Vamos a comer El Cachorro, Don Bimbas y yo. No tengo casi nada para componer una ensalada, solo tomate, pepino y aguacate. Pues bien, estos son los tres platos que he tenido que hacer.

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El Cachorro, adora el pepino y le gusta el tomate. Don Bimbas dice que solo pepino, cada vez come menos este crío. Y yo odio el pepino (menos en el gazpacho) y adoro el aguacate. Pues hale, con tres ingredientes, marchando tres ensaladas distintas.