Atracción fatal

Las sillas y el irrefrenable impulso que tiene Don Bimbas de subirse a ellas.

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Y de bajarse. Y de volverse a subir.

El otro día, para su solaz, fuimos a Ikea. Para qué quería más. Se subió EN TODAS las sillas que encontró.

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En esta última subió y bajó 17 veces seguidas. Que las conté.

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Estaba al lado de las cajas y había cola. Se entretuvo de lo lindo. Y porque lo arranqué de ahí, que si no aún continuamos.

Al día siguiente, zas, taburete al canto. Pues también supo qué hacer con él…

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Vamos, que le plantas cuatro palos a su altura y te despliega toda clase de equilibrios, contorsionismos y acrobacias.

Ha sido el espectáculo del restaurante. Porque anda que no le gusta retorcerse. Hasta el pino puente, hace. O algo parecido.

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(Aquí en la foto no llora porque le duela, no os preocupéis. Es de goma, el tío. Llora porque quiere algo que no consigue en ese preciso instante. Y el “pino puente” ha resultado de su conocida manía, reflejada ya en este blog, de tirarse hacia atrás en modo protesta).

Su hermano no se queda manco en cuanto a posturas se refiere. Toooodo el sofá para él, y ojo a cómo se pone a ver la tele…

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Si os soléis fijar en los detalles, veréis que tiene algo pintado en la cara, ¿verdad? Pues es porque hoy ha ido a una granja-escuela con el cole. A la vuelta, me encuentro esta obra de arte en su cara.

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Pintacaras, dice que había. ¿¿Pintacaras?? ¡Pintamonas! Espero que no nos hayamos gastado mucha pasta en estos artistas chuscos… ¡Qué valor!

(Vaya forma de hilar temas en el post de hoy, ¿que no?).


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