Ambidiestro a la fuerza

Hoy es el último día de Mayra, la chica que tengo en casa trabajando. Se va todo el verano, hasta septiembre. Les digo a los niños que le hagan un dibujo. Y se ponen raudos.

No se me escapa que El Cachorro no protesta. En teoría, él no puede dibujar porque está con la mano a la virulé. Pero ahí que va.

Al poco, viene con su hoja: “¡Mamá, soy ambidiestro!”

madre 30 (1)

Lo ha dibujado con la izquierda.

Vuelve a venir:

madre 30 (2)

¡Y ha escrito su nombre con la izquierda!

Pues va a ser que sí, que lo es. Le ha brotado una nueva virtud.


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