A mis brazos

Sostengo que El Cachorro está empadrado. Y tengo la teoría de que, parte de la razón por la que lo está, es porque cuando nació por cesárea ni lo toqué hasta pasadas cinco horas… en las que estuvo con su padre.

Lo cierto es que reparte su amor de manera bastante equitativa. Pero, ah, su papi.

Sin embargo albergaba la esperanza, y pese a que le hago todo el caso del mundo, le tengo más en cuenta que nunca y le doy unos mimos que son la pera limonera, de que con el nacimiento del hermanito, volviera a

niño

Y ha sido hacer este su aparición y comprobar El Cachorro que sí, que ese bebé tiene pinta de quedarse con nosotros para siempre, y recuperarlo… ñej, ñej.

Mis brazos son el medio ambiente de mi bebé. Y eso su hermano lo nota (como para no). Y se ve que no le hace especial gracia, a pesar de que no para de repetir: “A mí me buta e lermanito”. Creo que lo dice porque sabe que el hermanito nos gusta a su padre y a mí, y está haciendo oposiciones a agradarnos como sea. Si tiene que decir que le gusta el hermanito, lo dice y andando.

Y luego ha desarrollado la virtud de presentarse como el ser humano más amoroso que hay. Se hace querer sí o sí. Por eso, viene y me abraza las piernas, y dice en plan empalagoso: “Mamiiiiiiiiiiiiiii”.

– Cariñoooooo. Aaaay, qué cuentista – le digo, sonriendo.
– No zoy cuentita, zoy Zimón – replica. Poniendo la guinda.

La cosa va in crescendo. El cariño que él me da, lo quiere de vuelta. Así que seguidamente me pide: “Cógeme como a lermanito”.

He tenido que caminar con un bebé en el brazo izquierdo y con un mostrenquillo en el derecho. ¿No querías taza, Amaya Rey? Espero que tanto amor se relaje porque esto no hay espalda que lo aguante.


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