A las bravas

En Calatañazor hemos comprado a los críos sendas ballestas. Creo que son el arma que les faltaba de todas las que hay en un cajón específico de su cuarto, que actúa como armería, donde hay pistolas, revólveres, espadas, catanas, arcos, tirachinas, fusiles…

Por supuesto, toca utilizarlas. El Señor de las Bestias coloca latas como blanco. Don Bimbas es un negado y no puede tumbar la lata ni poniéndose a dos centímetros, y se enfada y, por supuesto, lo habéis adivinado, se cabrea, se cruza y se bloquea.

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Pero de lo lindo, se cabrea.

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Frunce el ceño que parece que le han hecho la frente de la piel del lomo de un Shar Pei, aprieta los morros, y grita.

Y no atiende a razones. Ya le puedes explicar que con los enfados las latas van a seguir sin moverse, ya le puedes intentar convencer de que no merece la pena que lo pase así de mal, ya le puedes decir que esa no es manera de jugar, ya le puedes razonar que, para conseguir resultados, hay que esforzarse… que no hay forma. Pero algo de mella hacemos en él, o es que se aburre de estar enfadado, y relaja. Para volver a intentarlo.

En una de estas, ¡sí!, da en el blanco, pero la lata se tambalea y no cae. Así que, con toda la determinación del mundo, coge la flecha, se acerca a la lata desafiante y hace ¡¡ZASSS!!, le arrea a la lata un señor guarrazo. La lata a tomar viento. “¡Bien!”, exclama victorioso.

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Y tan contento. ¿¿Pero es un artista o no es un artista??


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