El teléfono escacharrado

Le digo a El Cachorro que si invita a un amiguito a nuestro pasaje del terror de la noche de Halloween. Y sí, quiere invitar a un compañero del cole.

– Vendrá su madre, claro.
– Sí, porque su padre se fue –. Adiós. ¿Que se fue? Su madre es madre soltera por inseminación artificial o fecundación in vitro. Ya hace unos años El Cachorro se frustró porque no conoció al padre de su amigo, que decía era “donador”.
– ¿Cómo que se fue? – se encoge de hombros a mi pregunta.
– No sé. Su padre vive en Dinamarca – ondiá.
– ¿Ah, sí?
– Es un padre doméstico.
– ¿Y eso que es?
– Creo que es que un chico tiene una chica y luego nace el bebé y el chico se va a otra parte.

Mira, me parto de la risa. Menudo cacao.

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No entiende nada, el pobre. O sí, pero no sabe explicármelo. Yo, por si acaso, no me mojo. Prefiero no soltar prenda más que nada porque no me queda muy claro qué es lo que le ha dicho su amigo y creo que lo correcto es que le explique él el asunto; no quiero yo meter la pata…

El amor

Me parto con El Cachorro. Cada día, CA-DA-DÍ-A que lo dejo en la fila del cole, me grita cuando me alejo…: “¡Mamá, te quierooo! ¡Te quiero!” Y protagonizamos una escena tremenda. Yo le contesto: “¡Y yo máááss!” Y él me dice: “¡Y dile a papá que le quiero, llámale y se lo dices!” Y yo: “¡Valeee!”

Le importa tres pitos y medio estar rodeado de gente, de adultos y de compañeros del cole y de clase. Pero tres pitos y medio. Cuando los críos, normalmente, se inhiben a la hora de dar estas muestras de cariño públicamente…

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Me alucina mi hijo. Le da vergüenza prácticamente todo. Preguntar a niños si puede jugar con ellos, contrariar a un amigo aun cuando ese amigo esté portándose mal con él, hablar con un profesor… Pero a la hora de decirme que me quiere… a grito pelao, todos los días al entrar en el cole.

Pero hoy la cosa ha ido incluso más allá. Me he presentado en su clase para enseñar a los críos unas mariposas muy especiales. Y, al irme, tres cuartos de lo mismo. Todos sentados y en silencio y él: “¡Te quiero!”

Es único.

Ah, y bendita la hora en la que he ido. Justo ayer me decía que le cambiaron de sitio en el comedor (por culpa de su amiguito, que es un manipulador nato, le hace mil judiadas y consigue que le castiguen a él – esto me pasaba a mí también con una “mejor amiga” que tenía –) y le pusieron con unas niñas de su clase. Pues las criaturas, le amenazaron haciendo el gesto de cortarle el cuello con el dedo, y le prohibieron hablar, cantar y contar nada. Unos angelitos. Pues bien, la actitud de una de las más chungas ha cambiado radicalmente hoy, después de mi paso por su clase. Claro, soy una madre que mola. Llevo animalitos y salgo en la tele (una de las compañeras ya lo soltó en medio de clase: “¡Te veo en la tele!”)

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Así que esa niñata estaba hoy con mi hijo como la seda. ¿Tú te crees?

Meterse en el personaje

Decido probarle a Don Bimbas disfraces de Halloween.

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Aquel niño al que no le gustaba disfrazarse de nada, ahora le caen bien todos los disfraces.

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Y el papel de Drácula… ¡lo borda!

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¿De dónde habrá sacado lo de esconderse así tras su capa? ¿Ya ha visto pelis de Drácula sin que me haya enterado? Lo bueno es que él ya tiene algo de Drácula sin necesidad de disfrazarse: el magnetismo.

Los Pablos

Pasa un señor mayor y nos escucha llamar a Don Bimbas, cuyo nombre es Pablo. Y dice: “Como yo. Hola tocayo”.

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Unos metros después, nos cruzamos con otro abuelete y salta Don Bimbas: “¡Mira, otro Pablo!”

Sabedlo, cuando los hombres envejecen, se convierten en “Pablos”.

Map of Pamplona

El Cachorro está aprendiendo los mapas; lo que muestran, los diferentes tipos… Y en clase les han dicho que hagan el mapa de algún lugar. Y mi hijo ha elegido…

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… llenándome de alegría. A pesar de que no sepa aún que el río que pasa por Pamplona es el Arga, y el Ebro, que no “Erebro”, es el que atraviesa el sur de Navarra y el que cruzamos de camino a casa de los abuelos.

Me lo ha enseñado tan contento. Sabía la ilusión que me iba a hacer.

Nota

Es que no hay día en el que me diga El Cachorro que no tiene deberes y enterarme a las ocho y media de la noche, por el Whatsapp de padres, de que sí, de que los tiene. Me voy a clases de impro dejando una nota para el hijo y su padre: “¡¡¡Tienes que hacer 11 y 12!!! ¡¡¡¡Y LENGUA!!!!

Vuelvo y me encuentro esto.

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Así no hago carrera.

De verdad que no me explico lo poco que le importa al padre. Sufro y me llevo yo los berrinches y él, tan feliz. ¿Qué? ¿Me planteo hacer lo mismo?

Calvos

Don Bimbas, cada vez que quiere hacerte burla o rabiar, se da la vuelta para ponerse de espaldas, se baja el pantalón, luego el calzoncillo, y te enseña el culillo. Y, a poder ser, se agarra cada cachete y los separa, para que puedas contemplar todo su ojete en su máximo esplendor.

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No sé de dónde ha sacado esa costumbre. ¿Es algo antropológico? Porque no es moderno lo de enseñar el culo para agraviar a alguien. Por ejemplo, lo vemos en la película “Braveheart”. Aunque, por lo que leo, no está claro si fueron ellos o los ingleses quienes lo hicieron.

https://magnet.xataka.com/un-mundo-fascinante/ensenar-el-culo-ha-protagonizado-mas-escandalos-historicos-de-los-que-podrias-imaginarte

Como podéis ver aquí, sin ir más lejos (es el primer link que me ha salido en mi búsqueda), hay varios momentos en la historia en los que se recogen anécdotas similares. Ahora habrá que recoger el “calvo” de mi pequeño…

Impresionando a la novia

Don Bimbas se va a ver por la tarde con su novia, su vecina, con la que ya se ha ido de vacaciones (¡sin mí!) y todo. Se pone ansioso porque también es verdad que su suegra lo invitó ayer a su casa y nosotros no lo llevamos. Nos fuimos de compras. Así que hoy la invitación se ha renovado y él no ve la hora.

– Vamos a casa de Sofía – me dice.
– Sí, cariño, esta tarde.
– ¡No, hoy!

Me troncho con él. Le explico lo de las partes del día. Pero no lo pilla. Insiste en verla ahora mismo. Le convenzo para que sea paciente. No obstante, se pone la ropa que le he preparado y va al baño. Coge el peine y procede:

– Me estoy peinando así para que me diga “qué guapo, Pablo” – me informa.

Y se esmera. “¿A qué estoy muy guapo?”

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No sé por qué, pero resulta que se ve más favorecido con el pelo echado para atrás. Lo malo es que no lo tiene mojado y no se lo puede fijar del todo. Pero sí se despeja el pelo de la cara: “Para que se me vea la frente y no me moleste”. Está hecho un pincel.

Luego pasa de salir a desayunar con su padre porque quiere hacer un dibujo para su amada.

“Mira, he hecho a Sofía y a mí. ¿A que ves un pelo rubio?” Jaaaa, ja, ja.

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Me encanta que lo primero que haga de él mismo sea el pelo. Hay un pelo flotante. ¿Qué niño empieza por el pelo en vez de por la cabeza?

Al final, me enseña el resultado: “Ella es mi novia y yo soy su novio”.

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Anda que como acaben juntos de verdad, van a tener mucho que enmarcar…

Medalla al mérito

Dados los últimos acontecimientos, por lo visto hay algún comportamiento muy malo por parte de algunos críos en clase de tercero de infantil, la profesora ha decidido, previa consulta con la orientadora, que va a dar puntos verdes por buen comportamiento, amarillos por regular, y rojos por inaceptable. Y que los viernes dará una medalla a aquellos que tengan todos los puntos verdes y a los que tengan verdes y, como mucho, dos amarillos. Es el método que se les ha ocurrido para intentar corregir lo mal que se portan los críos que se portan mal.

Como no podía ser de otra manera, algunos padres se han quejado porque dicen que eso estigmatiza. Yo no me había parado a pensarlo de esa manera, la verdad. Pero, si, como nos cuenta la profesora, se ha intentado un montón de métodos, esto lo ha sugerido/aprobado la orientadora y se han comprobado los buenos resultados de este método en otras clases donde se ha aplicado, digo yo que habrá que dar un voto de confianza. Además, como apuntó otra madre, también es importante que a los niños que se comportan de pena, se les llame la atención y se les ponga freno, porque si no siguen igual de cafres y en Primaria es bastante más difícil manejarlos…

Total, todo este rollo para enseñaros que Don Bimbas vino a casa el viernes con la medalla. Se la han hecho ellos mismos. Por un lado, viene su nombre. Pero, por el otro…

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¿Qué narices pone por el otro? Hoy, al dejar al peque en clase, se lo pregunto a su profesora.

– Ah, es que en la pizarra puse varias frases motivadoras, para que pusieran las que quisieran, en plan “soy un campeón” y tal…

Pues mi hijo ha hecho popurrí con todas, está claro.