HO CHI MINH – HUE

Pagoda de Bao Quoc.
Pagoda de Tu Dam.
Pagoda de Tu Hieu.

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COSAS QUE SE APRENDEN EN VIETNAM. Que si pongo el aire para dormir, a temperatura nivel oso polar con bufanda, mi hijo pequeño lo hace a cuerpo, y si lo quito y nos ahogamos en el bochorno, duerme tapado por un edredón relleno de plumas de mil ocas, dos mantas eléctricas y un pijama de visón, que se puede desayunar espaguetis, sopa miso y unos crispis, que si imprimes el plan de viaje antes de un cambio de hotel, con toda seguridad irás al hotel que ya no tienes reservado, y a los botones les hará una gracia loca subir tres maletas, dos de ellas de casi 30 kilos, para tener que volver a bajarlas a los tres minutos, que si te pones como sonido de claxon el graznido de una bandada de gansos, las motos también te ceden el paso, que si tu acompañante ofrece el doble del precio que le dicen, tienes que regatear el cuádruple (y acordarte un poquito de sus muertos), que si un conductor de moto actúa como taxista ilegal y lleva la uña del meñique más larga que la lanza del Cid, por algo será, que si visitas un cementerio con críos, has de acabar haciendo el zombi, que al final voy a ser la única de la familia que se va a agarrar unos piojos vietnamitas, verás. De momento. #hue #Vietnam #viajarconniños #Los4FantásticosEnVietnam #Día4

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COSAS QUE SE APRENDEN EN VIETNAM.

Que se puede desayunar espaguetis, sopa miso y unos crispis, que si imprimes el plan de viaje antes de un cambio de hotel, con toda seguridad irás al hotel que ya no tienes reservado, y a los botones les hará una gracia loca subir tres maletas, dos de ellas de casi 30 kilos, para tener que volver a bajarlas a los tres minutos, que si te pones como sonido de claxon el graznido de una bandada de gansos, las motos también te ceden el paso, que si tu acompañante ofrece el doble del precio que le dicen, tienes que regatear el cuádruple (y acordarte un poquito de sus muertos), que si un conductor de moto actúa como taxista ilegal y lleva la uña del meñique más larga que la lanza del Cid, por algo será, que si visitas un cementerio con críos, has de acabar haciendo el zombi, que al final voy a ser la única de la familia que se va a agarrar unos piojos vietnamitas, verás. De momento.

¿Qué pasa también hoy?

Pasa que, durante el desayuno en el restaurante del hotel, a un señor se le cae el café al suelo y la mujer que le acompaña grita “¡ay!” Y dice Don Bimbas: “¡Ha dicho “ay” (imitando el gritillo)! ¡Como Michael Jackson!”

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Sigo tronchándome con él.

Pasa que Don Bimbas tiene que recurrir a su fuerte, que es ser muy mono. Dice: “¿Me coques?” Y pone su cara tierna y su vocecita dulce y suave.

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Cómo sabe explotar su cuquismo, el jodido.

Pasa que, en el avión de camino a Hue, Don Bimbas se mea, pero le explico que no podemos ir al baño hasta que se apague la luz del cinturón de seguridad. Se apaga y vamos, y a la vuelta, me señala que la señal de prohibido fumar sigue encendida.

– Sí, esa no se apaga porque no se puede fumar aquí dentro en todo el vuelo.
– ¿Por qué? – pregunta El Cachorro.
– Pues porque nos contamina e intoxica.
– Y el pedo que se ha tirado alguien, también.

Jaaaaaa. Alguien se ha pedido, sí. Y razón no le falta.

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Pasa que estamos disfrutando mucho de la típica comida vietnamita.

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Ejem. YO estoy disfrutando mucho de la típica comida vietnamita.

Pasa que estamos visitando la pagoda de Tu Hieu y hay un cementerio y que oigo:

“Quiero abrir una tumbaaaaa”. Aquí, Don Bimbas el tétrico.

Luego el tétrico supremo (el padre) les pide que se tumben encima de las tumbas.

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Y dice Don Bimbas: “¿Cuándo sale el zombi?”. Pero preguntándolo como si dijera “¿cuándo empieza la función?” Así que, claro, hemos tenido que hacer de zombi.

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Pasa que… ¡Horror…

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… se le mueve un diente a El Cachorro!

¿Cuál es la versión del ratoncito Pérez vietnamita?

Pasa que se hace patente que hay difíciles decisiones… demasiado fáciles. Os cuento:

El Señor de las Bestias tiene un don, que es saber hacer rabiar. Lo hace con estilo, porque te entran las mismas ganas matarlo que de reírte.

Total, que me chino porque se pasa de listo y acto seguido quiere poner el brazo por encima de mis hombros y yo le digo que ni se le ocurra tocarme. Y El Cachorro pregunta que si nos vamos a separar.

Se ve que no le gustaría, pero no noto demasiado drama. Eso está bien, puesto que su padre y yo nos hemos separado ya dos veces estando él entre nosotros (sin que se haya enterado… ¿o sí?) y la vida ya me ha enseñado, y sobre todo en nuestro caso, que lo de separarnos puede volver a ocurrir en cualquier momento.

Total, que le contesto que probablemente, y coge y salta él: “¡Jooooo, nooooo, no quiero que os separéis, que si no no te voy a ver!”

O SEA. Da por hecho que él se va con su adorado padre. ¡¡PERO BUENOOOOOO!!

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Pasa que está El Cachorro encantado porque por fin puede jugar a Minecraft y va a crear su mundo. Pregunta por un nombre para su mundo. A ver qué os parece este que le sugiero…

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DELTA DEL MEKONG: BEN TREE

Ben Tree en el Mekong.
Cena en la zona de Bui Vien en Ho Chi Minh.

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COSAS QUE SE APRENDEN EN VIETNAM. Que les resulto igual de apetitosa a los mosquitos de Madrid que a los de República Dominicana y a los de aquí, con lo que supongo me habrán clasificado en la categoría de Cocina Internacional en la Guía Mosquitín, que si bebes mucho y lo sudas, te ahorras ir al baño, que te plastifican el techo del coche por un millón de dongs para que puedas agitar Coca-Colas y abrirlas dentro, que las camisetas sin mangas son bien para el calor pero mal para el estilismo, y que a mis hijos ser macarrillas les queda preocupantemente bien, que el durián huele mal y sabe… peor, que si apagan el musicón de Ibiza, pueden bailar con el que seguro oyen de Bui Vien, que hago la turistada del sombrero típico y me quedo tan contenta, oye. De momento. #Mekong #Vietnam #viajarconniños #Los4FantásticosEnVietnam #Día3

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COSAS QUE SE APRENDEN EN VIETNAM.

Que les resulto igual de apetitosa a los mosquitos de Madrid que a los de República Dominicana y a los de aquí, con lo que supongo me habrán clasificado en la categoría de Cocina Internacional en la Guía Mosquitín, que si bebes mucho y lo sudas, te ahorras ir al baño, que te plastifican el techo del coche por un millón de dongs para que puedas agitar Coca-Colas y abrirlas dentro, que las camisetas sin mangas son bien para el calor pero mal para el estilismo, y que a mis hijos ser macarrillas les queda preocupantemente bien, que el durián huele mal y sabe… peor, que si apagan el musicón de Ibiza, pueden bailar con el que seguro oyen de Bui Vien, que hago la turistada del sombrero típico y me quedo tan contenta, oye. De momento.

¿Qué pasa también hoy?

Pasa que El Cachorro aprovecha las ventajas de visitar un país con costumbres distintas y desayuna sopa miso y unos espaguetis. Yo, feliz.

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No puedo decir lo mismo del canijo…

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Pasa que en los andurriales del Mekong nos topamos con varias aves enjauladas de mala manera. Y que los críos insisten al Señor de las Bestias para que compre al pato y lo deje libre.

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Nos negamos. El Cachorro está muy disgustado. Luego el Señor de las Bestias se muestra arrepentido: “También lo podía haber comprado y lo soltábamos…” Pero yo creo que para el pato hubiera sido peor. Después de soltarlo, lo cogerían de nuevo y lo volverían a enjaular para volver a venderlo. No sé si para el pobre bicho, pasar doblemente por ser “patiatado” y/o ser metido en esa jaula de mierda hubiera sido mejor, la verdad.

Pasa que Don Bimbas lleva la contraria a todo. Todo lo hace al revés. Si pongo el aire acondicionado para dormir, a temperatura nivel oso polar con bufanda, Don Bimbas lo hace a cuerpo, y si lo quito y nos ahogamos en el bochorno, duerme tapado por un edredón relleno de plumas de mil ocas, dos mantas eléctricas y un pijama de visón.

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HO CHI MINH. Barrio de Cholon

Templo hindú de Mariamman.
Chùa (pagoda, pues tiene Buda, si no sería templo) de Giac Vien.
Pagoda Hoi Quan Ha Chuong.
Pagoda de Ông Bôn.
Mercado de Binh Tay.
Comemos en el restaurante Five Oysters en Bui Vien (calle de mochileros).
Golden Dragon Water Puppet Theater.

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COSAS QUE SE APRENDEN EN VIETNAM.

Que es ridículo (y de zopencas) venir con el pelo liso si lo tienes rizado, que para un taxista de moto es más valioso el cráneo de un adulto que el de un niño, que antes de decir “no sé dónde está eso”, te mandan al quinto pino así vayas acompañada de dos niños pequeños, el hombre de hojalata y todos los miembros de la Asociación Española de Cojos, que rascarse con la manicura recién hecha sobre una piel impregnada en antimosquitos te pone de muy, muy mala gaita, que no hace falta bajarse de la moto para absolutamente nada, que aquí un niño rubio es más raro de ver que un unicornio y, ahora que veo la foto, que he estado a punto de perder un brazo entre la riada de motos por saludar a cámara.

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COSAS QUE SE APRENDEN EN VIETNAM. Que es ridículo (y de zopencas) venir con el pelo liso si lo tienes rizado, que para un taxista de moto es más valioso el cráneo de un adulto que el de un niño, que antes de decir “no sé dónde está eso”, te mandan al quinto pino así vayas acompañada de dos niños pequeños, el hombre de hojalata y todos los miembros de la Asociación Española de Cojos, que rascarse con la manicura recién hecha sobre una piel impregnada en antimosquitos te pone de muy, muy mala gaita, que no hace falta bajarse de la moto para absolutamente nada, que aquí un niño rubio es más raro de ver que un unicornio y, ahora que veo la foto, que he estado a punto de perder un brazo entre la riada de motos por saludar a cámara. De momento. #Saigón #HoChiMinh #Vietnam #viajarconniños #Los4FantásticosEnVietnam #Día2

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¿Qué pasa también hoy?

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Pasa que vemos que venden pato.

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– No quiero comer pato vivo – dice El Cachorro.
– Hijo, los matan antes de que te los comas.
– Si los matas son filetes – afirma. Y parece que cree que ya no tienen que ver con un animal…

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Pasa que los niños le encuentran el encanto a los templos.

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Pasa que se extrañan de que los oriundos les presten tanta atención.

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Y pasa que no se entendían nada con los niños vietnamitas que nos rodean y quieren interactuar con nosotros, hasta que se han empezado a tirar eructos…

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Pasa que el Señor de las Bestias me saca una foto en la que, por fin, se aprecia que mis ojos son también verdes. Yeah. Vale, están a años luz de los suyos, pero se tiene que tragar sus risitas y sus palabras.

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Pasa que yo pretendo que la ropa se mantenga limpia el mayor rato posible para no llevar la maleta con todo guarreado…

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… pero esto es más Misión Imposible que todas las pelis de Tom Cruise juntas.

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Pasa que al Señor de las Bestias le encanta tomar el pelo al personal, especialmente si se trata de sus hijos. Va y les dice… “Id a ver a las ardillas que hay ahí en el parque, venga”, y salen los críos disparados gritando con emoción “¡ay, la ardilla, la ardilla!”…

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… y resulta que eran ratas del tamaño de mamuts.

(* Un consejo: nunca te fíes del Señor de las Bestias).

Pasa que hay un montón de chuminadas que comprar y pasa que estos vietnamitas les ponen luces a todo. Así que los críos se acercan a las tiendas como moscas. Y empiezan a pedir. Don Bimbas:

– Gonzalo tiene un reloj y yo nooooooo –. Gonzalo es un compañero suyo de clase.
– ¿Gonzalo tiene un tigre? – indago.
– No.
– Pues tú sí. Cada uno tiene lo que tiene. Hale, andando.

Fuera envidias.

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Pasa que se le olvida pronto y, como es un teatrero, le da por caminar a dos por hora para hacerse el viejito.

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Pero pasa que, hablando de teatro, tenemos prisa para llegar a una representación de las famosas marionetas del agua. Ciertamente, son muy especiales. Pero Don Bimbas se muestra algo decepcionado…

– Mamá, yo quería que sea de zombis… – dice.

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Solo soy yo quien aguanta toda la obra despierta.

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El jet lag hace de las suyas.

Pasa que en el hotel el Señor de las Bestias duerme con El Cachorro y yo con Don Bimbas… que no tiene sueño.

– Mira, mamá, eres tú, ¿a qué estás muy mona?

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Y aquí anda, retratándome. Y mañana moriremos, los dos.

Good morning, Vietnam

Ya estamos en Ho Chi Minh, la antigua Saigón, la capital del sur. Vamos a recorrer el país de sur a norte. Pero de momento, lo que recorren mis hijos, nada más pasar inmigración, es el camino a estos asientos…

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Fijaos en Don Bimbas. Dispone de tres asientos seguidos pero se tira largo en la zona del hueco. Hay que ser original.

A los críos y a mí se nos caen los ojos de las cuencas. Normal, no hemos pegado ojo y llevamos unas veinte horas de viaje. Los peques lo acusan. Pero, una vez instalados en el hotel, decido que no podemos tirarnos a la bartola, que lo mejor es adaptarnos cuanto antes al horario del país. Y salimos y nos damos de bruces con Vietnam.

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Pasamos por el mercado de Ben Thanh, al lado del hotel, y nos la jugamos comprando comida en el primer puesto callejero que encontramos (o no conocemos el miedo o somos una pandilla de inconscientes nunca vista, máxime cuando a mí, cuando hice lo mismo en Bali, hace años, me entró una cagalera que casi me deja en el sitio).

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No sabemos si estamos desayunando o cenando, pero comemos, y después nos dirigimos directamente a ser timados por los de los cyclos, que mira que estábamos advertidos al respecto, pero el Señor de las Bestias es demasiado rápido pagando y a mí no me dio tiempo a calcular el cambio.

Así que nos enfadamos, y de morros vemos el Palacio de la Independencia, de menos morros la catedral de Notre Dame y, ya sin enfados, la Oficina central de correos, donde nos apresuramos a escribir algunas postales, no vaya a ser que lleguemos nosotros antes que ellas.

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Pasamos por el Teatro Municipal, subimos a la Torre Financiera Bitexco, donde comemos, o desayunamos, ya no sé, y empezamos a flaquear de mala manera.

¿Sueño? Mucho. Cuando salimos de ahí, cogemos un taxi para ir al templo de Le Van Duyet, que está dedicado a un general (aquí hay santuarios que no están dedicados a deidades, sino a héroes nacionales) y nos quedamos TODOS fritos… ¡Los cuatro! ¡En el taxi! El taxista se meaba cuando nos tiene que despertar para que le paguemos.

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Cerca, un mercado callejero que nos encontramos por casualidad (creo que es el de Ba Chieu). Es casi imposible transitar por él. Muchas veces estamos parados, peatones y motos, todos juntos.

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Y ojo al tendido eléctrico.

La gente hace la compra desde la moto, sin bajarse. Se para donde quiere, compra, y se larga (atascado, poco a poco, entre el tumulto). Tenemos el privilegio de vivir cómo es un auténtico mercado vietnamita, qué venden y cómo se compra.

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Al final del día, el que se dormía por las esquinas…

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… encuentra un sofá bien cómodo…

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A ver si logramos descansar algo y coger ritmo, porque nos esperan días apasionantes. Estamos en Vietnam. Y os invito, queridos lectores, a viajar con nosotros.

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Como veis, os cuelgo un enlace a mi Instagram. Este es de este día. Cuando hicimos el viaje (hace un año, ya sabéis que este diario va un año justo por detrás), lo compartí en esta red social. Colgué, generalmente, 20 fotos al día (y se me hizo MUY difícil seleccionarlas, hubiera colgado cien), y además se me ocurrió comentar el viaje bajo el título “COSAS QUE SE APRENDEN EN VIETNAM”. No era mi pretensión hacerlo así, pero me dio por ahí el primer día y luego me enganché a repetirlo los demás.

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Así que he pensado que, además de las anécdotas al uso que aquí comparto, situaciones dignas de post, asimismo os voy a apuntar qué visitamos cada día, por si queréis ideas o una guía de viaje, y a copiar las “COSAS QUE SE APRENDEN EN VIETNAM”, así como, a la vez, colgaros los enlaces a las publicaciones, por si queréis ver esas fotos. La cosa quedará así:

a) Título del post con lugar en el que estamos.
b) Lista de sitios visitados.
c) Cosas que se aprenden en Vietnam, flanqueadas por los enlaces a mi Instagram con las fotos que colgué de dicho día. (Las cosas que se aprenden en Vietnam son algunas muy crípticas, otras se entienden solo al ver las fotos, otras son afirmaciones muy personales. Si alguien no entiende algo y tiene curiosidad, me lo diga y yo le explico a qué me refiero).
d) Pispajadas y anécdotas al estilo de este blog, introducidas con un “¿Qué pasa también hoy?” y contadas, cada una, con su respectivo “pasa que”…

¿Preparados, entonces, para acompañarnos?

¡¡Empezamos bien!!

¿¿No me pego tres días haciendo maletas, yendo a hacer recados, dejando la casa lista y en orden, poniendo siete lavadoras, echando a lavar todas las toallas y cambiando todas las camas para tener las sábanas limpias y todo en orden para nuestra vuelta…?? ¿¿No es verdad que mi hijo el pequeño, el que no se meó de vacaciones con mi vecina NI UN DÍA, se meó ayer y se le sobró el pis del pañal, y hubo que lavar sábanas y edredón…?? ¿¿NO VA EL TÍO Y SE VIENE HOY A MI CAMA, CON UNA NOCHE QUE ME HA HECHO PASAR DE CULO, CON SUS DOLORES DE RODILLA, LOS DOLORES QUE DE VACACIONES LE DESAPARECIERON, CUANDO ME HE ACOSTADO A LAS TRES Y MEDIA PARA DORMIR DOS HORAS Y TRES CUARTOS, PUES HAY QUE LEVANTARSE PRONTÍSIMO PARA IR AL AEROPUERTO… Y SE QUITA EL PAÑAL… SE-QUITA-EL-PAÑAL ADREDE, PORQUE LE DA POR AHÍ ¿¡¿¡¿Y SE MEA?!?!???

¡¡¡¡SE MEA EN MI CAMA PORQUE SE HA QUITADO EL PAÑAL!!! ¡¡¡SE MEA EN MI CAMA A LAS CINCO Y MEDIA DE LA MAÑANA, QUE NOS HEMOS PUESTO EL DESPERTADOR A LAS SEIS PARA COGER UN TAXI A LAS SEIS Y CUARENTA Y CINCO MINUTOS!!!! ¡¡¡¡¡¡SE MEAAAAAAAAAAAAAAAAA!!!!!!

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¿¡¿¡PERO DE QUÉ NARICES VA MI HIJO!?!? ¡¡UN PARRICIDIO AHORA MISMO ESTARÍA MÁS QUE JUSTIFICADO!!

Bueno, Amaya, respiiiiiiiira.

Respira porque… here we go!

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Tras pasar más momentos de tensión en el taxi, que hemos cogido más tarde de lo previsto, y habernos tragado un atasco mañanero con el que no contábamos, y haber sudado de lo lindo, pensando en que perdíamos el avión… ¡Ya hemos comenzado nuestras vacaciones! Señores y señoras, ¡¡nos vamos a Vietnam!! Sí, me he animado. Muchos intentaron quitarme la idea de la cabeza: “Igual es mejor vosotros solos, no lo vais a disfrutar”, “los niños de estas edades no se acuerdan luego, es más inteligente esperar unos años”, “es complicado viajar con niños pequeños”… etc. Pero a mí me encanta viajar. ME ENCANTA. Y no quería irme sola con el Señor de las Bestias. No por nada, sino porque quería disfrutar de un viaje en familia, compartirlo con mis hijos. Me gusta mucho hacer cosas con mis niños. Y además, creo que viajar es siempre positivo, se tenga la edad que se tenga. Por no hablar de que yo me he quedado en paro hace cinco días y quién sabe, con la profesión que tengo, si el verano que viene y/o el siguiente, me tocará dar el callo y no tendremos vacaciones. Y el Señor de las Bestias… me regaló un viaje por mi 45 cumpleaños, que será el 20 de agosto. Así que todo jugaba a favor de que pudiéramos hacer ese viaje. Ahora.

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Así que, eso, ya estamos de camino a la aventura. A ver cómo sale. De momento, se tienen que chupar como 20 horas de viaje, entre aeropuertos, escala y tal. Son dos vuelos de unas siete y siete horas y media cada uno. Pero volamos con Qatar Airways y ahí sabes que al menos tienes ciertas garantías, tanto de atención como de entretenimiento.

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Here we go. #Los4FantásticosEnVietnam

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La azafata trae unos juegos para los críos. La “Explorer case” está fenomenal. Un superboli de colores y un montón de pasatiempos.

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Pero, claro, ellos ya han descubierto la pantalla con juegos del asiento…

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¿Que qué tal viajan Don Bimbas y El Cachorro, sobre todo El Cachorro, que ve una pantalla y se queda atrapado, que ni duerme ni nada? ¿A limpia peli y venga de juegos? Pues ideal. Pronto descubriré que mejor siete horas y media así, que hora y media en un vuelo regular que ni televisión ni nada…

Pero no todo es un remanso de paz. Enseguida los críos descubren motivos para pelear. Últimamente Don Bimbas se dedica a chinchar todo lo que puede y El Cachorro a contraatacar. Además, se lo toma muy a pecho.

“¡Mentiroso!” le dice El Cachorro a su hermano. “¡Y traicionero!” Está muy enfadado. “Como me toques el dedo te arranco la cabeza y te parto los ojos”. El Cachorro, amenazando, no se anda con remilgos. Como lo oiga algún productor de telenovelas que viaje con nosotros, lo ficha fijo.

En cualquier caso, discusiones y pantallas aparte, el sueño vence y los niños caen.

Don Bimbas demuestra que existen otras formas de dormir en el avión.

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Y El Cachorro me da el mismo tormento en la cama que en un avión. Su cabeza encima de mí, me clava los codos trescientas veces…

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No obstante todo sueño, para los tres, es insuficiente. Dormimos muuuuuy poco. Yo también prefiero ver pelis que dormir. Además, si lo intento, solo oigo el ruido del avión volando y me empiezo a emparanoiar con que nos vamos a estrellar y me entra ansiedad y casi como que prefiero estar insomne.

Y digo que las horas de sueño son insuficientes para los tres porque El Señor de las Bestias vive otro tipo de viaje.

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Separado de nosotros, su existencia transcurre como la de un maharajá. Ve sin interrupciones todas las pelis que quiere, come su comidita en su bandejita con tranquilidad, sin estar pendiente de abrir platos ardiendo a dos niños, procurar que no se tiren nada encima, etc., se soba las veces que hace falta… estupendamente, oiga.

Y, así las cosas, entre pitos y flautas, y una escala en Doha, al final aterrizamos en Saigón…

Creatividad en la pizarra

Pretende Don Bimbas dibujar en una pizarrita vileda de esas que hay en la cocina. Que está guarreada.

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– ¿Esto cómo se gorra (borra)? – está chupándose el dedo y procediendo.
– Con saliva no. Tienes que darle fuerte.

Lo intenta durante diez segundos.

– Es que si lo hago fuerte se me gasta la fuerzaaaa…

Lo consigue borrar, perdón, gorrar. No sé cómo, porque me he ido de la cocina. Y luego me llama para enseñarme su dibujo… ¿Qué diríais que es?

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Eso es, un delfín. Está clarísimo.

Por la tangente

Como de costumbre, es hastiado poner a El Cachorro a hacer un poco de deberes de chichinabo, que son más bien pasatiempos.

Me dice que ha terminado y voy a comprobarlo. Leo:

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“¿Cómo se pone Rasi en contacto con Ismael?”, y escribe mi hijo: “Bien”.

CON DOS COJONES.

– Pero, cariño, ¿cómo se pone en contacto? Por correo postal, con una flauta… será a través de un correo electrónico, ¿no? Y tú vas y pones “bien”, ¡pues claro que bien, puesto que se ha conseguido comunicar!

Él se ríe. Pero basta ya, majo, basta ya.

Dibujos infantiles de miedo

Estamos en una sala de espera del hospital Niño Jesús.

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Las paredes están decoradas con dibujos infantiles, de Disney, la mayoría. El Cachorro los mira con el ojo torcido.

– No me gustan esos dibujitos.
– ¿Por qué?
– Me dan mal rollo.

El pequeño lo ha secundado. Porque si su hermano dice una cosa, eso es así y punto.

– Sí, a mí también “malorollo”.

En fin, que si lo que pretendían en el hospital es crear un entorno tranquilo para los niños, en el caso de los míos han fracasado estrepitosamente, porque les dan “malorollo”.

Vaya

El niño que se ha portado de manera ejemplar, que en lo que ha entrado al garaje, la madre de mi amiga (que también ha estado de vacaciones con ellos), abuela de la suya (de la amiguita de Don Bimbas), se ha encargado de reiterarme lo que se ha hecho querer, que ha sido un amor y que ha atendido todo a la primera y que qué rico y qué pasada de niño y cómo lo adoraban sus hijos (tíos de la amiguita, pues han vacacionado donde ellos viven) y tal y Pascual, en cuanto ha entrado por la puerta de casa, como contaba en el anterior post, ya ha encontrado un motivo para enfadarse.

Este niño, que no ha dado en ocho días ni un problema y que ha dormido todas las noches de un tirón, sin quejas ni dolores, hoy ya ha llorado dos veces y he tenido que ir a su cama a darle masajes en las rodillas hasta calmarlo.

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No queda ahí la cosa:

– Amaya, y no ha hecho ni un pis.
– ¿Ningún día?
– Ningún día – me informaba mi amiga.

Pues bien, primera noche en casa y, por la mañana, para no perder la costumbre, el pequeñito se desliza en mi cama. Se mete dentro y anda rebozándose. Y yo, en un duermevela, resistiéndome a levantarme. Pero, en esto, que me asalta un presentimiento. Y toco la tripa de Don Bimbas. ZAS. Mojada. “¡NNnnnnnnnnnnooooooooooooooooooooOOOOO!”, exclamo. Quito la sábana (con el edredón – sí, soy de las de edredón en julio… en Madrid –) y le huelo y, para mi desgracia, no es sudor. Voy corriendo a su cama y compruebo que también huele a pis. Se ha sobrado el pis y ha mojado su cama ¡y la mía! A dos días de irnos de megavacaciones, con cien mil lavadoras que estoy poniendo. PPOORR QQUUÉÉ.

Esto se llama llegar y besar el santo, o donde hay confianza, da asco. Una de dos.